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Opinión

Postales del futuro

Por: Mariano Caucino

Publicado en Infobae.com. Domingo 1 de diciembre de 2013

Desde la reincorporación al gobierno de la Presidente Cristina Kirchner el pasado 18 de noviembre y la designación al frente del gabinete del gobernador chaqueño Jorge Capitanich se han venido decidiendo medidas de gestión que más se parecen al futuro que a la tónica “nacional y popular” del modelo kirchnerista. “La salida de Moreno es la primera medida concreta después del pronunciamiento electoral”, afirmó Sergio Massa desde Madrid, el martes 19. “Cristina se está volviendo un poco del PRO”, sintetizó Mauricio Macri días pasados cuando fue consultado por el acuerdo entre el gobierno y Repsol.

La agenda del 2015, ¿se adelantó?

La transferencia de la gestión de gobierno a la liga de gobernadores, verdaderos titulares del establishment político del peronismo territorial, a través de uno de ellos, el chaqueño Capitanich, ¿hará soñar a este con una salida a la rusa? Como se recordará, el 31 de diciembre de 1999, enfermo y exhausto, Boris Yeltsin renunció a la presidencia de la Federación Rusa y delegó el mando en el primer ministro Vladimir Putin. Este ocupó el poder como “presidente actuante” hasta que en marzo de 2000 fue elegido para un período constitucional inaugurando la larga temporada en el poder que aún hegemoniza. Pero, ¿acaso Capitanich representa el establishment político argentino de la liga de gobernadores como Putin al poder permanente de los servicios de seguridad e inteligencia en Rusia desde tiempos de los zares? Capitanich es, en efecto, el hombre más calificado para el cargo: acredita la experiencia como senador, gobernador de provincia, y como si fuera poco, jefe de Gabinete en la crisis de 2001-2002. Pero Capitanich es, además, gobernador con licencia. Por lo tanto, candidato elegible en una Asamblea Legislativa en caso de llegar a la necesidad de aplicar la ley de acefalía.

Capitanich empero, enfrenta un gigante desafío: a la liga de gobernadores la ha enfrentado una nueva generación, más joven, más audaz y aparentemente más representativa de las expectativas populares: veinte intendentes de la provincia de Buenos Aires encabezados por Massa derrotaron nada menos que al aparato político nacional y provincial y al más escandaloso derroche de dineros públicos en publicidad que recuerde nuestra historia.

El arreglo con Repsol, el reconocimiento de que ha terminado el reino de la ilusión del vamos por todo en el que era posible confiscar empresas sin indemnizaciones, ¿será suficiente? Más aún, ¿no será tarde? El tiempo, esa dimensión ajena a la voluntad de los hombres, no suele perdonar a quienes actúan contra sus inexorables designios.

Cuando el general Perón inició su política de acercamiento a los Estados Unidos y su plan de promoción de inversiones extranjeras en 1953, tras comprender que la etapa aislacionista estaba definitivamente agotada, el tiempo le demostró que ya era tarde. A pesar de que los años del Segundo Plan Quinquenal muestran una economía en franca recuperación hacia 1955, el ciclo político estaba exhausto. Sin embargo, esta política de seducción de inversiones, anunciada por Perón, será retomada por Frondizi, entre 1958 y 1962.

Después de perder las elecciones legislativas de 1987, el presidente Raúl Alfonsín decidió llamar a Rodolfo Terragno al ministerio de Obras Públicas y privatizar las ineficientes empresas estatales y dar impulso a la modernización de la burocracia, el tiempo volvió a enseñarle aquello que con precisión Jesús Rodríguez resumió tiempo después: “cuando el gobierno de Alfonsín tuvo poder, no supo qué hacer; cuando supo qué hacer, ya no tenía poder”. No obstante, a partir de 1989 el gobierno peronista de Carlos Menem si puso en marcha el proceso de modernización, apertura y privatizaciones anunciado por Alfonsín.

Postales del futuro. Perón anticipó a Frondizi. Alfonsín, a Menem

Cristina Kirchner, pese a no admitir autocrítica pública, podría haber comprendido que cometió innumerables errores desde el 54 por ciento de los votos obtenidos hace dos años. Sería comprensible suponer que está enojada consigo misma. No es extraño suponer que puede haber advertido la frivolidad de haber encumbrado a un advenedizo como Amado Boudou en la vicepresidencia en lugar del más previsible Capitanich. Hoy puede estar queriendo corregir ese pecado.

La presidente, ¿admitirá las limitaciones políticas, temporales y hasta físicas aceptando “reinar” desde Olivos junto al simpático y bolivariano caniche Simón tal como la vimos el lunes 18 o nos volverá a regalar un espectáculo como el de la tarde del martes 19 cuando rodeada por las juventudes camporistas pareció volver al discurso aguerrido del vamos por todo y la “profundización del modelo”? Cuál es la verdadera Cristina, ¿una u otra? Seguramente es una, y es otra. Finalizar bien su larga administración exigirá romper la inercia habitual del final de los gobiernos, cuando por regla general, los vicios se imponen sobre la virtud.

El acuerdo con Repsol, la caída del fracasador-serial Moreno, el “giro realista” de su administración vía la designación de Capitanich, además de reflejar una vez más aquello de que “la necesidad tiene cara de hereje”, ¿no son quizás, postales de la Argentina del 2015?

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