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Opinión

La importancia de pensar Malvinas

Por Francisco de Santibañes

Publicado en “Reflexiones Políticas II”, diciembre de 2012.

La escalada diplomática que tuvo lugar este año con el Reino Unido por la soberanía de las islas debería servir para reflexionar sobre cuál debe ser el futuro de la política argentina con respecto a las islas.

Lo primero que debemos hacer es discutir la importancia para Argentina de recuperar las Malvinas y, por lo tanto, qué grado de prioridad debe dar nuestra política exterior al tema. Debemos ser conscientes, por ejemplo, que una cuestión tan compleja como el traspaso de un territorio de una nación a otra requiere, además de tiempo y atención, importantes recursos financieros. Por otro lado, si decidimos restarle importancia a Malvinas el escenario más probable será que se mantenga el statu quo y que las islas sigan bajo control británico.

Recuperar Malvinas es importante por una serie de razones. Quizás la más cercana al sentimiento de los argentinos sea la búsqueda de justicia ante lo que fue una apropiación injustificada de nuestro territorio. Pero también existen motivos económicos y estratégicos que deben ser considerados. El lecho marítimo del Atlántico Sur es una importante fuente de recursos naturales que puede favorecer el crecimiento económico de la Argentina; el control de las islas permitiría al país afianzar su presencia sobre un eje antártico que incluye nuestra plataforma marítima, Malvinas y la Antártida Argentina, recordando que la Antártida es una fuente potencial de recursos mineros y energéticos.

Desde un punto de vista estratégico las islas – que en general pueden servir como bases de control, abastecimiento y proyección de poder – están tomando cada vez mayor importancia. En parte esto se debe a que el período histórico caracterizado por la libre navegación de los mares parece estar llegando a su fin. Lo que caracterizó esta etapa fue la existencia de dos grandes potencias navales – primero Gran Bretaña y luego Estados Unidos – que aseguraron la libre navegación y, con ella, el comercio internacional. Cambios en la tecnología militar y el recorte de gastos en defensa de las naciones occidentales tendrá como consecuencia una mayor distribución del poder naval lo que, a su vez, aumentará la probabilidad de bloqueos navales y conflictos similares. De hecho, y como ya se observa en la costa somalí, la piratería ha vuelto a convertirse en un problema para la comunidad internacional. Por ello, desde un punto de vista estratégico, hoy es más importante controlar las islas que se encuentran frente a las costas de una nación.

No se reclama entonces la soberanía sobre Malvinas por un nacionalismo trasnochado: es una acción racional que busca proteger el interés nacional argentino. Muchas naciones desarrolladas y democráticas, a las que nadie acusa de belicistas, se encuentran en una situación similar: Dinamarca y Canadá, por ejemplo, mantienen un conflicto por las islas Hans que ha ganado visibilidad debido a la creciente importancia del Océano Ártico (el deshielo en el área permitiría el acceso a valiosos recursos naturales y a nuevas rutas de navegación); de la misma manera, Japón tiene como objetivo recuperar las islas Kuriles, bajo el control ruso desde el fin de la segunda guerra.

Es importante volver a reflexionar sobre Malvinas, además, porque las condiciones internacionales han cambiado. Ello permite que, por primera vez en generaciones, hoy sea realista pensar que Argentina puede iniciar un proceso que concluya con la recuperación de las Malvinas en el mediano plazo.

Esto se debe principalmente al cambio del balance de poder entre Argentina y Gran Bretaña. El balance de poder es la principal variable que explica la resolución de conflictos similares a los de Malvinas; así consiguieron su independencia muchas de las ex colonias británicas. Y el balance de poder proyectado entre Argentina y Gran Bretaña ha girado a favor de Argentina. La crisis de 2008 aceleró un proceso de transferencia de riqueza desde los países centrales a los marginales. La tasa de crecimiento proyectada de la economía británica es considerablemente menor a la argentina, y las eventualmente las circunstancias económicas terminan trasladándose a otros campos: por ejemplo, la crisis presupuestaria británica obligó a recortar su presupuesto de Defensa en 8%. Dadas sus dificultades económicas: ¿hasta cuándo estarán dispuestos los británicos a conservar una posesión colonial a 8.000 km de su territorio? ¿Es racional mantener una disputa con la tercera economía de Latinoamérica por unas islas que les representan un gran gasto y ningún claro beneficio?

Recuperar Malvinas es un objetivo importante y alcanzable: ¿qué plan debería implementar Argentina para lograrlo? En la historia reciente los gobiernos argentinos han utilizado dos estrategias: una conciliadora (que prevaleció durante las décadas de 1970 y 1990) y otra más agresiva (siendo el ejemplo más claro la guerra de 1982). Esta es una falsa dicotomía. Para ser efectivos tenemos que ponernos en los zapatos de los gobernantes británicos: ellos estarán dispuestos a negociar una transferencia de soberanía luego de que su análisis de la situación – tomando en consideración posibles costos y beneficios – les indique que es en el interés de su nación y de su gobierno llegar a un acuerdo. Para lograr que esto ocurra debemos establecer incentivos que los lleven a esa decisión.

Un plan como éste debe estar basado en tres pilares. Hay que establecer una sofisticada campaña de comunicación para transmitir a británicos e isleños nuestras verdaderas intenciones, dejando claro los derechos argentinos sobre las islas. Al señalar que no pretendemos violar los derechos de los isleños, sino protegerlos, calmaremos los ánimos y evitaremos que grupos de interés impongan un discurso falso que tenga como finalidad trabar cualquier tipo de negociación con Argentina.

En segundo término, Argentina debe contar con una mayor presencia comercial y militar en el Atlántico Sur. No podemos pretender que la comunidad internacional considere seriamente nuestros reclamos si no somos capaces de ejercer un control efectivo sobre nuestro espacio aéreo, marítimo, terrestre y cibernético. Debemos aumentar las exploraciones petrolíferas y brindar más recursos a las Fuerzas Armadas. Lejos de incentivar una carrera armamentística, este proceso de modernización le permitirá al país afianzar el control de su territorio, actualizando un sistema de defensa que lleva décadas sin adquirir o desarrollar nuevos sistemas de armas, sin que esto signifique que Argentina vaya a destinar mayores recursos a la defensa – medido como porcentaje de su PBI – que sus principales vecinos.

Por último, la diplomacia argentina deberá jugar un rol clave a la hora de modificar el juego de alianzas políticas a favor de Argentina. Debemos aprovechar el hecho de que una potencia mundial como China y un país emergente como Brasil favorecen los reclamos argentinos y seguramente lo seguirán haciendo – dado que estas posturas no se basan en su buena voluntad sino en la defensa de su interés nacional. Al mismo tiempo, los problemas económicos británicos y su menor capacidad militar reducen su importancia para los EE.UU. En efecto, el traslado de poder hacia Oriente hace que EE.UU. comience a priorizar sus alianzas con naciones como Australia e India sobre las que puede mantener con un país como Gran Bretaña que cada vez le aporta menos en términos económicos y militares. En definitiva, debemos aprovechar el crecimiento político de las naciones que nos apoyan en el tema Malvinas y lograr que EE.UU. abandone su postura de neutralidad y termine sumándose a los reclamos argentinos.

Por primera vez en generaciones estamos en condiciones de afirmar que si  Argentina lleva adelante una política coherente y racional es probable que en el mediano plazo alcancemos algún tipo de acuerdo que culmine con la recuperación de las Malvinas.  Hagamos las cosas bien.

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