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Opinión

Tópicos para la discusión de una propuesta de política exterior 2012-2015

Por Diego Ramiro Guelar

Publicado en “Reflexiones Políticas II”, diciembre de 2012

La Argentina tiene, en la segunda década del siglo, una oportunidad fenomenal de dar un salto para adelante que duplique nuestro producto interno bruto y mejore notablemente la calidad de vida de nuestra población. Para lograrlo, debemos tener en cuenta los siguientes principios:

1. No hay modelo de desarrollo viable que no contemple la inserción internacional concreta de Argentina en el mundo. Por ejemplo, sin investment grade (categoría lograda ya por Chile, Uruguay, Perú y Brasil), el financiamiento externo – el limitado que podemos obtener – paga tasas de interés superiores al 12% anual. Nuestros vecinos mejor posicionados ya lo obtienen al 4,5%. ¿Quién en su sano juicio invertirá  en este país con este hándicap negativo?

Otro tanto ocurre con la adulteración de las cifras del INDEC. Todos los informes internacionales sobre IPC, ocupación, alfabetismo, etc., tienen, en el caso argentino, una apostilla que aclara la imposibilidad de certificar estas cifras.
Por lo tanto, no hay política exterior eficaz posible sin salida total del default y normalización del INDEC.

2. No hay política exterior válida que no persiga alcanzar consensos básicos entre las principales fuerzas políticas de tal forma que los contenidos no se alteren cada 4 años.

3. No puede usarse un “voluntarismo bien intencionado” para producir un efecto concreto y sustentable. Argentina ha producido profundos cambios en su estructura productiva que deben ser respetados y perfeccionados de tal forma de sacar provecho a las inversiones reales y a los planteles de personal ya entrenados.

4. No existe una “política exterior” separada de la propuesta local. El error en el planteo doméstico impide alcanzar los objetivos externos. Un planteo de “autarquía coyuntural” como el actual, al distorsionar precios y producir inflación, deja como espacio internacional viable los negociados venezolanos, las protecciones monopólicas que utilizan a las PYMES de algunos sectores como “escudo justificador” y los contratos de obra pública “direccionados”, con cláusulas muy onerosas para el Estado en caso de incumplimiento.

5. El tipo de cambio y el grado de apertura aduanera no son nunca libres. Deben ser administrados pero evitando los mecanismos arbitrarios de tal manera que las políticas públicas sean transparentes y estimulan la iniciativa creadora e inversora del sector privado. El caso brasileño es ejemplar en esta materia. En concreto, debemos alcanzar en el menor plazo de tiempo, un acuerdo de “convergencia macroeconómica” con Brasil para alinear totalmente las variables centrales en un plazo no mayor a diez años con metas bianuales cuantificables. Esta decisión debería ser la piedra angular de nuestra política exterior.

En la historia de la Unión Europea, cada etapa de disenso franco-alemán trajo aparejada una crisis y/o una parálisis en el proceso de integración europea. En nuestro caso, dada la disparidad alcanzada, toda demora o alejamiento de este eje nos traerá aparejado mayor aislamiento y costos adicionales para su corrección futura.

6. Necesidad de tomar pleno control radarizado y satelital de nuestras fronteras terrestres y marítimas para poder combatir eficazmente el contrabando de narcóticos, armas, etc.

7. Argentina ha vivido en los últimos 25 años una modificación estratégica de su estructura productiva y sus relaciones con el mundo que la habilitan (y la condicionan) para lanzar un proceso de crecimiento acelerado.

8. La permeabilidad argentina para adaptarse a los cambios ocurridos en el mundo. A saber:

      • La caída del Imperio Soviético.
      • El ascenso de China a segunda potencia mundial.
      • La creación de la Unión Europea, el Euro y el rol español en esa asociación regional.
      • El nacimiento y desarrollo del MERCOSUR.
      • La guerra mundial contra el terrorismo a partir del atentado a las Torres Gemelas.
      • La aparición de los BRIC’s (Brasil, Rusia, India y China).

            En particular, decisiones externas que requirieron una respuesta inmediata:

      • El cierre del mercado europeo para las carnes y los granos tradicionales (maíz, trigo, sorgo y girasol).
      • Los requerimientos europeos y chinos de consumo de soja como componente fundamental del alimento balanceado destinado a los cerdos.
      • El abastecimiento al Brasil desde la concreción de la zona de libre comercio y luego la Unión Aduanera (imperfecta).
      • El acuerdo de pesca con la Unión Europea.
      • El marcado interés externo en maquinaria agrícola, productos farmacéuticos y petroquímicos, software, tecnología nuclear y espacial, vino y genética argentinos.

9. Queda pendiente la respuesta frente:

  • Al eje medioambiental y los eco-combustibles.
  • A la demanda de productos alimenticios con mayor valor agregado (congelados, enfriados, termoprocesados sintéticos, desecados, orgánicos, etc.).
  • Al desafío de jugar un rol central en la región Antártica y el Atlántico Sur.
  • A un importante salto cualitativo y cuantitativo en las áreas de turismo y minería.

Los cambios en los últimos 25 años y su influencia en la política exterior

En 1985, cuando Argentina comenzaba su transición democrática, tenía dos hipótesis de guerra: Brasil y Chile; con este último país estuvimos a 24 horas que se desencadenara una guerra en 1978. Nuestras relaciones con la Unión Europea estaban congeladas por el Conflicto de Malvinas y no teníamos relaciones diplomáticas con el Reino Unido. No teníamos comercio con China, ni desarrollo pesquero ni minero. Recién comenzaba a desarrollarse el cultivo de soja. El turismo era muy limitado y la aftosa y la inflación eran males endémicos que parecían imposibles de superar.

En ese año, el Presidente Alfonsín firma con el Presidente Brasileño José Sarney el acuerdo nuclear que crearía la ABACC (Agencia Argentino-Brasileña de verificación y control nuclear) con sede en Río de Janeiro. Así se revertía la decisión de ambos países de crear en la década del ´50 las Comisiones de Energía Atómica (bajo control de las fuerzas armadas) que llevarían al control de proceso de enriquecimiento de uranio con fines pacíficos pero que podían llegar a desarrollar armamento atómico (tal como era el objetivo militar de ambos países hasta 1985).
Al mismo tiempo se firmaban los primeros acuerdos de complementación económica con Brasil que llevarían a la firma del Tratado de Asunción – creación del Mercosur – el 26 de marzo de 1991.

La transformación del enfrentamiento y la hipótesis de conflicto en la cooperación primero y luego la integración, llegó a que en 1998, en Ushuaia, se declarara al Mercosur “Zona de Paz”. Este elemento es central para entender el proceso que se plasmó en la Constitución de 1994 donde se da carácter constitucional a los tratados de integración colocándolos por encima de la legislación Nacional. Así Argentina propone a sus vecinos la constitución de una “Nación de Naciones” que, en el futuro, pueda crear instituciones supra-nacionales que redefinan el concepto de “soberanía nacional” y lo sustituyan por el de “soberanía regional o supra nacional”.

También en 1985 se lanzó la “Política de Expansión Minera” (PEM) que daría origen al Código de Minería Argentino sancionado por el Congreso Nacional en 1997.

La eliminación de las retenciones agrícolas en 1992 – vigentes desde 1967 – multiplicó la producción y las exportaciones agrícolas. El turismo, prácticamente congelado por la inseguridad política, la inestabilidad económica y las relaciones conflictivas con gran parte del mundo, crecieron exponencialmente. La pesca, que no había tenido desarrollo significativo alguno,  se expandió después de la Guerra de Malvinas en toda nuestra Costa Atlántica desde Mar del Plata hasta Ushuaia, constituyéndose en un foco importante de exportaciones y comenzando a modificar nuestras prácticas nutricionales domésticas. En este mismo lapso nos transformamos en exportadores líderes de limones, miel, ajo y otras frutas y hortalizas. Las exportaciones de vino se quintuplicaron y nos transformamos en importantes proveedores de software, contenidos audiovisuales y tecnología nuclear para usos energéticos y medicinales. Colocamos en el espacio cuatro satélites de producción nacional y varias empresas argentinas se han posicionado internacionalmente (Bridas, Pescarmona, Techint, Arcor, Aceitera Gral. Deheza, Grupo América, Los Grobo, IRSA, Consultatio, Globant, etc.).

El proceso de privatizaciones practicado en la década de los ’90, trajo aparejado 30.000 millones de dólares de inversión directa de compañías líderes en EE.UU. y Europa que pasaron a formar parte del tramado productivo y de servicios argentinos en áreas tan diversas como transporte, energía, comunicaciones, petróleo, gas, alimentos, banca, textiles, etc.

Pese a las crisis de 1989 y del 2001, Argentina modificó profundamente su estructura productiva, su inserción mundial y sus perspectivas y horizontes futuros.

Hoy pertenecemos al G-20, detentamos la Secretaría General de la UNASUR, estamos en el Club Nuclear y tenemos en marcha un proceso de integración plena con Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Y con el resto de Sudamérica tenemos relaciones económicas y políticas crecientes.
           
Análisis del cuadro de situación

  1. Más allá de las perspectivas hemisféricas globales, el área de mayor expansión coincide con la sudamericana que hoy es nuestra principal fuente de ingreso de divisas y marco de la futura coordinación macroeconómica regional que, con epicentro en Brasil, se constituirá en la Unión de Naciones Sudamericanas.
  2. El mercado Asia–Pacífico, con epicentro en China se constituye en nuestro segundo socio comercial, en confluencia con lo que ocurre en toda la región; el 47% de las exportaciones chilenas tienen destino asiático y China es el principal socio comercial del Brasil.
  3. La necesidad de reconvertir la “política de Malvinas” en una política hacia el Atlántico Sur y nuestra proyección Antártica.

 Debemos “Sudamericanizar” nuestra presencia oceánica fortaleciendo las exploraciones gasíferas y petroleras dentro y fuera de la plataforma submarina, así como ofreciendo acuerdos de auto limitación y regulación de la pesca a las flotas que pescan en la “milla 201” (más de 200 buques) para evitar la depredación y garantizar la sobrevivencia de uno de los últimos grandes caladeros del planeta.

Estos tres ejes: la integración sudamericana, China y el Atlántico Sur constituyen nuestra agenda de prioridades internacionales.

La nueva frontera

Hay una serie de países que deben conformar un nuevo espectro de relaciones más intensas; India es el epicentro de esta iniciativa. Corea, Indonesia, Turquía, Armenia, Ucrania y Sudáfrica, deben ocupar un espacio de renovado esfuerzo para sentar las bases de una vinculación más estrecha. Debemos elaborar un programa quinquenal para establecer los objetivos posibles y concretarlos en ese lapso.

 

Las relaciones con USA y la Unión Europea

Los lazos con Norteamérica y Europa son constitutivos de nuestro ser nacional. Desde los inmigrantes hasta la Constitución representativa, republicana y federal; pasando por el desarrollo agro-exportador, así como la cultura y las tradiciones, conforman vínculos muy estrechos y productivos.

La realidad nos presenta la necesidad de encarar una “Nueva Frontera”, veamos qué ocurre con ellos:

Prioridades de EE.UU.:

  1. La consolidación de un propio sub-continente integrado por su país, Canadá, México, Centroamérica y el Caribe.
  2. La continuidad del proceso de desarme nuclear y su relación con Rusia.
  3. La nueva dimensión del G-2 con China como segunda superpotencia mundial.
  4. Las relaciones atlánticas con Europa y las pacíficas con Japón y el Sudeste Asiático.
  5. El proceso de paz en Medio Oriente (Israel-Palestina, Iraq, Irán, el Golfo, etc.).

 

Prioridades de la Unión Europea:

  1. La consolidación de su organización de 27 países y nuevos aspirantes a integrarse.
  2. Su relación atlántica con los EE.UU.
  3. Su frontera oriental con Rusia y Turquía.
  4. Las relaciones de cooperación con los países mediterráneos del Norte de África y Medio Oriente.

 

  Como puede observarse, más allá de las declaraciones de buenas intenciones, Europa (con la excepción de la parte española) tiene un marco de prioridades que no nos incluye. Esto no debe ser motivo de queja, sino por el contrario, de comprensión objetiva. Por ello, debemos establecer nuestra propia agenda de prioridades conforme a intereses locales y los intereses de los otros.

Es comprobable el dinamismo de las relaciones entre China y Sudamérica, las ventajas de la integración sub-regional y la necesidad de ocupar el espacio que nos corresponde en el Atlántico Sur y la región Antártica.

Las tres prioridades indicadas no son un obstáculo para el crecimiento de las relaciones con un grupo muy importante de países con los que debemos incrementar los ya importantes vínculos: Rusia, India, Japón, Canadá, México, Australia, Corea del Sur, Indonesia, Sudáfrica, Marruecos, Egipto, Turquía, Israel, etc.

En todos estos casos, sus prioridades, igual que en el caso norteamericano y europeo, están ligados a sus realidades geopolíticas y tampoco nos incluyen en sus esquemas centrales. Sin embargo, debemos incluirlos en el mapa temático de prioridades; por ejemplo:

  • En software no podemos obviar a India ni a Israel.
  • En minería debemos incluir como actores centrales a Australia, Canadá y Rusia.
  • En industria automotriz a México.
  • En agro-industria a los países de Europa Central, Norte de África y Medio Oriente.
  • En turismo a Japón, Rusia y Australia.
  • En cuestiones del Atlántico Sur a Sudáfrica.
  • En pesca a Rusia, Japón, Corea y España.
  • En gas y petróleo a Rusia, Nigeria y Kuwait.

En síntesis, la política exterior no puede ser un ejercicio de voluntarismo. Responde a una construcción de infraestructura productiva y credibilidad que se acumula en el tiempo. Requiere el entrenamiento de personal, logística interna y externa y un programa multianual que la sustente.

 

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