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Opinión

Para volver a ser una República

Por Ramón Puerta

Publicado en “Reflexiones Políticas II”, diciembre de 2012

Argentina enfrenta una de sus más delicadas crisis institucionales desde el advenimiento de la democracia. Si bien, en el año 2001, hemos pasado por circunstancias más complejas -en lo que se refiere a la situación económica y política-  los mecanismos republicanos y democráticos se encontraban organizados sólidamente para responder en forma responsable. Los partidos políticos funcionaban y le daban sustento de legalidad y legitimidad al Parlamento.

Hoy, en cambio, estamos en un vacío institucional donde se ha producido una implosión de los partidos políticos -entre otros desmanes- donde aparecen formas primitivas y esporádicas de representación mediática y alternativa, que se alejan de la organicidad y de la esencia de la política: la representación.

El resultado es una “democracia” que ha quebrado el Estado de Derecho, la seguridad jurídica y la previsibilidad necesarias e indispensables para la vida y el trabajo de los argentinos.

La gran oportunidad que se presentó luego de la crisis del 2001, dada las condiciones internacionales del comercio que  nunca fueron  tan beneficiosas (en 100 años) para el país, la hemos perdido y cada vez se aleja más. Esta situación, que desde oficialismo lo llaman “el modelo”, hoy somete a la Argentina a la peor situación desde hace décadas. Vemos que todos los índices macroeconómicos y sectoriales comienzan a sincerarse y mostrar sus verdaderos números: aumento de la pobreza y la indigencia;  la inflación que somete a los más pobres; la utilización de recursos del sistema previsional, del Banco Central, de todas la “cajas” posibles para gastos corrientes y clientelistas; el blanqueo verdadero sobre las reservas internacionales con la imposición de variados “cepos”; la crisis del sistema nacional de energía; el aniquilamiento del sistema productivo vía presión impositiva; y así podríamos seguir con innumerables ítems.

La pérdida de seguridad jurídica y de previsión para las inversiones, ha expulsado la posibilidad de nuevas fuentes de trabajo y de un crecimiento sostenido mayor, capaz de distribuir la riqueza producida con valor agregado.

El alejarnos del mundo significó que el mundo se alejara de nosotros. En estos días asistimos a unos de los bochornos más vergonzosos de la historia argentina: el “embargo” de la Fragata Libertad, embajadora de los argentinos ante el mundo. Este hecho desnuda la política exterior del Gobierno kirschnerista: el aislamiento más absoluto. Seguramente se lo adjudicarán a alguna “conspiración”.

Qué decir de los poderes Legislativo y Judicial. Tanto el uno como el otro, son atropellados y usados por coacción y/o cooptación. El Congreso de la Nación es una simple escribanía. Los dictámenes de importantes temas que deberían ser profundamente debatidos, vienen directamente con la orden de ser firmados sin modificación, discusión ni debate. La Justicia que no lauda para el poder, sufre la “presión” descarada a través de “cadenas nacionales”, “conferencias de prensa” y múltiples instrumentos intimidantes.

Sin lugar a dudas, la Argentina vive en una aparente democracia.

Correspondientemente a esta situación, el Justicialismo como partido, es decir: un partido político con un ideario, una ideología, una plataforma electoral y un número real y auténtico de afiliados que le den contenido a su existencia formal, no existe. Nadie debate ideas actualizando el pensamiento de nuestro líder y fundador: Juan Perón. Tampoco moderniza sus estructuras poniéndolas a la altura de los tiempos. Un “cascarón vacío” le dicen algunos dirigentes con mucha razón. Es utilizado por el “kirchnerismo” o el “cristinismo” de acuerdo a sus necesidades. Intervenido en muchas provincias y/o usado como simple “sello” en otras.

Qué hacer

En esta coyuntura, varios desafíos se presentan como fundamentales:

  1. Restablecer plenamente la República, en el que los tres Poderes del Estado cumplan sus deberes libremente; fomentando la transparencia, la eficiencia y el control, tanto en el manejo de la cosa pública, desde el Poder Ejecutivo, como en el ámbito Legislativo y de la administración de Justicia.
  2. Construir un sistema institucional sólido con todos los sectores representativos, donde sean los partidos políticos el corazón de una democracia madura y plural. En nuestro caso, tener presente el pensamiento de nuestro líder y fundador -Juan Perón-  en su etapa madura y de sabiduría que gira sobre dos ejes: el Universalismo y la Justicia Social.

El concepto y la idea de evolución, opuesta al progresismo revisionista de matriz setentista, se presenta como pilar interpretativo para explicar el desarrollo de las sociedades y de los pueblos.

Para Perón el eje del entendimiento de la realidad es la “política mundial”. La política doméstica es entendida al contraluz de aquella. La universalización es un proceso irreversible para los pueblos, y las estructuras supranacionales se instalan de manera irrenunciable, debiendo construir “la montura adecuada para cada tiempo histórico”.

El universalismo es el telón de fondo de la evolución de la historia. Una historia con un sentido determinista pero centrado en la existencia del individuo.

Este universalismo que evoluciona desde el continentalismo -con un fuerte eje en Washington, Bolívar y San Martín- se separa de todo aislacionismo, como pretenden interpretarlo algunos en la actualidad.

En relación a su imaginario económico es notable expresar el realismo capitalista de Perón en relación a las funciones del Estado y del mercado. “No somos de ninguna manera enemigos del capital. Y se verá en el futuro que hemos sido sus verdaderos defensores” .

Se le suma a este pensamiento económico, la visión estratégica en cuanto a los recursos naturales y la producción de alimentos que veía en la Argentina, una potencialidad que la convertiría en un punto central de la geopolítica mundial.

Diseñar una política exterior y económica aprovechando las incomparables oportunidades de la economía internacional e insertarnos definitivamente en el tren del verdadero desarrollo. Esto debe ir acompañado de una modificación estructural de las condiciones favorables para la inversión, que permita generar empleo genuino y distribución de la riqueza sustentable en el largo plazo, saliendo rápidamente del sistema prebendarlo y de subsidios distorsivos que sólo se sostiene con endeudamiento y transferencia de recursos.

Estas bases del desarrollo centradas en la cultura política argentina, generarán un círculo virtuoso hacia una institucionalización republicana que dará como resultado las condiciones económicas para una justicia social definitiva. 

Una República, que a poco de cumplir sus 200 años de vida, debe volver a pensar y trabajar mancomunadamente en su futuro, con un espíritu fraterno y solidario, que deje atrás rencores y enfrentamientos que no ayudan a generar progreso y desarrollo para el país y su pueblo.

Debemos pensar y hacer aquello que el pueblo nos demanda, teniendo como horizonte un futuro cercano de crecimiento productivo, armonizando el capital y el trabajo, una política ética y republicana que sustente, como meta y razón de ser, a la Justicia Social en toda su magnitud y significado. 


Discurso pronunciado el 21 de Octubre de 1946. 

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