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Opinión

Propuestas políticas para encabezar los reclamos

Por Jorge Triaca

Publicado en “Reflexiones Políticas II”, diciembre de 2012

El día 13 de septiembre de 2012, tras una larga temporada de quejas individuales vía la red social Facebook entre otras, se dio la manifestación social más grande en cantidad de participantes y sin duda la de mayor impacto contra el Gobierno de la presidente Fernández de Kirchner. 

Es posible que en el futuro se den otras, mientras las condiciones que dieron origen a ésta no cambien y en este sentido las primeras reacciones del espacio oficialista nacional no fueron muy auspiciosas ni receptivas de los reclamos expresados en las calles.  Sin embargo, el 13-S como fue conocida la manifestación, constituye un punto de inflexión, una bisagra política que impactó a la sociedad en su conjunto y sobre todo, al Gobierno Nacional.

Sólo en la Ciudad de Buenos Aires, 250.000 personas marcharon mientras que en distintas ciudades del interior se congregaron cifras muy importantes para capitales provinciales y también en ciudades y localidades pequeñas el pueblo se manifestó en las calles haciendo sonar su descontento.

Pudo verse claramente que la composición etaria de los manifestantes iba desde niños pequeños hasta jubilados y que la conformación socioeconómica mezcló desde trabajadores hasta miembros de las clases medias y medias altas, juntando a gran cantidad de mujeres, madres jóvenes con sus hijos junto a profesionales. 

Empleados, estudiantes y profesores marcharon junto a comerciantes y empresarios desafiando la equivocada visión del Gobierno que antes de la marcha minimizó su organización, y luego de ella ha intentado descalificarla con una mezcla de desdén, furia y silencio de una presidenta que venía hablando todos los días, hasta en alguna ocasión llegó a hacerlo más de una vez al día.

Este mutismo es la mayor prueba de que, tal como ha sucedido en otras ocasiones, la reacción popular ha causado dolor y desconcierto en la cúpula del Gobierno Nacional.

No es para menos. Para un oficialismo nacional atrincherado en su visión de la sociedad de amigo/enemigo, la marcha del jueves 13 de septiembre representa un enigma que desafía su lógica y le hace temer con perder un poder que nadie le cuestiona. 

Sólo en la afiebrada imaginación del kirchnerismo más recalcitrante un niño de 8 años en andas de su padre, o un anciano de 90 exhibiendo su recibo de jubilación con un descuento de Ganancias son personas “destituyentes”.

Por el contrario, lo que sucede es que la sociedad que ha sido objeto de permanente violencia discursiva, de la negación del flagelo de la inseguridad y, en forma creciente, de distintos perjuicios económicos producto eminentemente de la inflación, ha reaccionado pasando de la queja individual a este reclamo colectivo en las calles.

Indudablemente, este reclamo de la sociedad está encauzado dentro de los carriles democráticos que surgen del derecho de reclamar y peticionar a las autoridades, aunque sea efectuado sin una claridad monolítica.

Quien trabaja duras y largas jornadas, ocupe la clase que ocupe, no puede ser obligado a un exigente análisis para despejar la paja del trigo y saber quién se diferencia y con qué argumentos políticos dentro de las opciones políticas de hoy, a una hora en la que sólo desea descansar, o bien gozar de esparcimiento.  

Del mismo modo, en el reclamo expresado de la forma en que se ha hecho, no hay un esclarecido análisis de la realidad política sino la expresión de un malhumor social en cuanto entiende modificada para mal su vida cotidiana.

Este es un dato político crucial para la oposición política la cual debe verse interpelada en  sus variadas expresiones a establecer propuestas que puedan encauzar este reclamo en demandas concretas para participar dentro de los partidos políticos y para ser apoyados con el voto en las próximas elecciones de modo de constituir una alternativa de poder.

En este sentido no es descabellado pensar que las manifestaciones populares tengan un cierto sesgo anti-político como lo han tenido otras irrupciones populares en el espacio público.  Oleadas de indignación acompañaron los reclamos del Sr. Blumberg, y más atrás en el tiempo hubo también instalación pública de asambleas populares, clubes de trueque, todas expresiones que fueron desapareciendo y no lograron establecerse con la firmeza necesaria en el espacio político.

Pareciera que para pasar del descontento a la acción política no basta con la gente marchando, sino que es necesario que distintas expresiones políticas encarnen el reclamo. Esto es parte del juego democrático y constituye una parte más del proceso republicano.

El Gobierno ha expresado una versión negativa de esta irrupción en las calles reclamando con una mezcla de sorna y rechazo que la gente se organice en partidos políticos. Dichas afirmaciones negativas pueden y deben ser revertidas por el convencimiento de que se trata de un proceso, tal como afirmamos a lo largo de este artículo; ese proceso incluye un tiempo en donde sólo hubo expresiones de queja aisladas, luego se pasó al reclamo, y ahora es tiempo de ir buscando como encausar las muy variadas demandas en consignas y programas políticos que puedan constituir la base para la necesaria alternancia en el poder.

Al Gobierno Nacional le asustan las manifestaciones populares pues se concibe como un elenco gobernante que ha venido para quedarse eternamente en el poder.  Sin embargo, estas expresiones le van indicando que para el pueblo argentino la rotación es en sí misma un valor.
Del mismo modo, tamaña muestra social de desencanto sin lugar a dudas permite pensar que grandes cuestiones nacionales para las que la agenda oficial no tiene respuesta podrían ser vehiculizadas con la apelación a formas de democracia semi-directa, del mismo modo que para resolver otros temas sobre los que el grupo político que gobierna da por cierto un apoyo que pareciera no tener.

Finalmente, desde el espacio político que ocupo, es posible invitar a aquellos desencantados con las políticas oficiales, y a todos los que se manifestaron en contra del estado de cosas actual el 13-S, a compartir visiones sobre la Argentina que queremos, y a apoyar a quienes desde la política hemos estado trabajando por un país mejor, libre, seguro, con oportunidades de ascenso social, y que busque vivir en paz, uniendo a los argentinos para la satisfacción de los deseos de felicidad de nuestro pueblo.

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