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Opinión

La urgencia de una reforma política integral

Por Carlos Aguinaga

Publicado en “Reflexiones Políticas I”, diciembre de 2011

La Reforma Política es una deuda que la dirigencia tiene con los ciudadanos desde hace mucho tiempo. Su no implementación se traduce, lisa y llanamente, en un peor nivel de vida para el pueblo, y en un debilitamiento paulatino de la democracia que tanto nos costó recuperar.

Para  solucionar tan grave problema creo conveniente modificar los métodos de reforma utilizados hasta el momento.

De hacerse contaremos con un sistema institucional más ágil y moderno, que mejorará el funcionamiento de los tres poderes del estado (ejecutivo, legislativo y judicial) y el sistema de representación popular. Se fortalecerán las instituciones republicanas, que son la base del desarrollo.

La crisis de representatividad produce un reclamo permanente, que aflora de forma espasmódica cada vez que ocurre un hecho que hace de disparador, y “recuerda” a la dirigencia del momento la necesidad de contar con un mejor sistema político.

Frente a estos acontecimientos, generalmente mediáticos, se reacciona con la “urgente” presentación de proyectos coyunturales de reforma, aislados, asistemáticos, que carecen de una visión integral de la situación y del problema que deben resolver. Demás está decir que los mismos han fracasado.

Por lo general, todas las propuestas de reforma buscan ventajas políticas para quienes las plantean, pues están pensadas en beneficiar a los partidos políticos o a sus dirigentes, que quieren tener cada vez más poder. Así se conforma un proceso de oligarquización política en plena democracia, sentando un peligroso contrasentido.

Tanto a nivel nacional, como en Mendoza, se ha planteado la reforma político - electoral en términos de “qué es lo que más me conviene” y no en términos de “qué es lo que más le conviene a la gente”. Esto ocurre mientras la sociedad se aleja cada día más de “la política”.

Hay que cambiar el procedimiento de reforma.

La debilidad que tienen la dirigencia y los partidos frente a la sociedad se revierte facilitando y no dificultando la forma de elección de los candidatos. Mecanismos como la separación de la fecha de los comicios nacionales, provinciales y municipales, las primarias abiertas simultáneas y obligatorias, la incorporación de la boleta única o la eliminación de la lista sábana, deben ser incorporados en toda reforma que se precie de tal, pues son mecanismos probados que mejoran el funcionamiento del sistema.

Esto debe hacerse además pensando en el hecho que leyes vigentes que aparecen como más transparentes y de avanzada, son aplicadas violando su propio texto, como ocurrió a nivel nacional con las listas colectoras o espejos.

Reitero, el método de reforma hay que cambiarlo y pensar en la gente y en el funcionamiento sistémico de las instituciones.

¿Por qué ha fracasado en Mendoza todo intento de Reforma Política?

Mendoza es un claro ejemplo del fracaso de distintos proyectos de reforma, tanto legal como constitucional, por haber sido pensados para perpetuar en el poder a los políticos y a los partidos, primando los intereses de cortísimo plazo de sus impulsores, sobre los generales de la gente.

Los intentos de reforma han sido “elitistas”, pues fueron elaborados por las cúpulas de los partidos políticos para su propio beneficio, sin la participación activa de la sociedad, que luego, con su voto, los ha rechazado.

Las  propuestas de reforma  surgidas únicamente del seno de las cúpulas partidarias, han generado el rechazo de los ciudadanos quienes se niegan a convalidar lo que entienden como “meros intereses partidocráticos”.

Hagamos una Reforma Política participativa, no “elitista”.

Con el objeto de evitar los inconvenientes anteriores que han tenido tan malos resultados, propiciamos un procedimiento y una forma de trabajo diferente, más participativa, transparente y profunda, que nos permita, esta vez, llegar a un buen puerto.

Impulsamos la creación de una Comisión Consultiva de Expertos, conformada por especialistas destacados de nuestro medio, y por distintos expertos en la materia de nivel nacional e internacional, que deberá ser independiente de los distintos poderes del estado, actuar “ad honorem”, y realizar su tarea en no más de 9 meses.

La Comisión deberá:

Estudiar científica y académicamente las fortalezas y debilidades del sistema político y constitucional actual.

Estudiar los temas o institutos que se han intentado reformar en el pasado, o que se pretenden reformar hoy.

Asegurar la debida participación de la sociedad en general, mediante un amplio proceso de consulta con los distintos partidos políticos, las autoridades de los tres poderes del estado, las diversas autoridades electorales tanto del ámbito provincial como federal, los Intendentes Municipales, las Universidades, los gremios, los empresarios, los colegios profesionales, las organizaciones de la sociedad civil, los medios de comunicación social, los líderes sectoriales, y con todos los que puedan cooperar en una mejor realización de su labor.

Elaborar una propuesta que mejore la relación “representante – representado”, fortaleciendo los organismos de control al poder político, aumente la calidad democrática de Mendoza y dote de mejores instrumentos institucionales que afiancen y modernicen al sistema político.

Como resultado final, la Comisión elaborará:

Un programa integral de reformas sistémico, de aplicación gradual, y duradero en el tiempo.

El mecanismo de reforma aconsejable para los distintos temas o institutos analizados como objeto de reforma, separándolos por proyecto de ley o reforma constitucional. Esto permitirá avanzar más rápido en los primeros que en los segundos.

El grado de intensidad de consenso existente para cada tema o instituto analizado como objeto de reforma (alto, medio o bajo), que permitirá avanzar más rápido en los primeros.

Conclusión

El proceso de reforma que proponemos tiene como principal objetivo apartarnos de la coyuntura que nos lleva a buscar soluciones aisladas y urgentes, cortoplacistas y pensadas en su mayoría para beneficio de la partidocracia; para optar por el análisis científico, participativo y consensuado que permitirá brindar soluciones sistémicas, graduales, duraderas, y, sobre todo, pensadas para el beneficio de los ciudadanos.

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