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Opinión

Gobernabilidad democrática

Por Alfredo Atanasof

Publicado en “Reflexiones Políticas I”, diciembre de 2011

Durante mi gestión a cargo de la jefatura de gabinetes de ministros, se conformó un equipo de trabajo cuyo objetivo fue analizar acerca de los aspectos relevantes de la gobernabilidad democrática. El equipo estuvo conformado por los más importantes especialistas e intelectuales.

La Gobernabilidad Democrática supone la capacidad de una sociedad de definir y establecer políticas y resolver sus conflictos de manera pacífica dentro de un estado de derecho, que de manera conjunta con los poderes independientes garantice el goce de las libertades y derechos civiles, sociales, políticos y culturales de las personas. Esto solo es posible mediante instituciones fortalecidas en los principios de equidad, libertad, participación en la toma de decisiones, rendición de cuentas y que apunten a la inclusión de los sectores más vulnerables.

Asimismo Gobernabilidad también debe entenderse como la capacidad de regulación y re-encauzamiento del conflicto  que garantiza un orden social.

En aquellos años recién comenzábamos a transitar los primeros pasos después de la terrible crisis del 2001 que  signo a nuestra vida democrática como uno de los momentos más difíciles que debió soportar. La crisis no solo fue económica, sino social y también intitucional.

Ahora bien, a una década de  aquel momento histórico, en una Argentina de aparente fortaleza ante la debacle mundial que azota principalmente a los países desarrollados, deberíamos analizar cuál es el estado de las instituciones, andamiaje sobre el cual se sostiene el sistema democrático. En aquellos momentos, se cuestionaba y debatía sobre el rol de la gobernabilidad democrática, pero hoy en día asumimos que la gobernabilidad debe ser fortalecida, construyéndola en el día a día para consolidar su funcionamiento.

Para que la gobernabilidad sea posible en un sistema democrático debemos contar con la legitimidad, factor clave y fundamental.

La legitimidad no es un cheque en blanco que permite adoptar decisiones sin tener en cuenta las respuestas a las mismas. Constituye el respaldo de un pueblo que delega en sus representantes la gobernabilidad.

Pero en el mundo de hoy la legitimidad resulta  efímera como consecuencia de las continuas demandas que la sociedad tiene. Demandas que podrían considerarse aisladas o individuales, se tornan en colectivas, y no es que no existieran sino que la tecnología y la comunicación visibilizan necesidades subyacentes.

Y aquí reside el desafío de la gobernabilidad, otorgarle a las instituciones la posibilidad de dar respuestas inmediatas a las necesidades planteadas por el conjunto de la sociedad, y ser una vía por la cual se canalizan los reclamos.

Cuando uno de los poderes que monopoliza el poder produce una atrofia que pone en riesgo al conjunto institucional y con ello al resto de la sociedad, reduciendo la representación  política como un simple juego de dominio.

Por otro lado en el contexto internacional, se está definiendo un nuevo orden mundial, caracterizado por el multilateralismo que permite el posicionamiento de los países en vías de desarrollo, para alcanzar un rol clave en la dinámica global.

Hoy vemos que el mundo atraviesa una crisis similar a la del 2001, pero esta no es una réplica de aquel entonces, está en nosotros adelantarnos y aggiornar nuestras instituciones de forma que puedan estar un paso adelante.

Es en este escenario, que el rol de las autoridades políticas nacionales, deben aprovechar para trabajar como facilitadores de un crecimiento conjunto, consensuado y estratégico y en este marco buscar dar respuestas a las diversas y vertiginosas necesidades sociales.

A nivel nacional se experimentó un largo período de crecimiento, reflejado en las variables micro y macro económicas creando un contexto favorable para nuestro país, siendo esta la situación  en la que debió discutirse y trazarse un plan estratégico que delineara los rumbos a seguir. Convocar a todos los actores sociales en el diseño de un plan estratégico es contribuir a la gobernabilidad ya que minimizaría las posibilidades de conflictos y consensuaría un proyecto de desarrollo nacional, proyecto que incluya a todo los argentinos. 

Nuestra responsabilidad política está en debatir los desafíos que condicionan nuestro futuro inmediato y de largo plazo, para lo cual  debemos construir líneas de discusión que permitan el desarrollo de políticas públicas y favorezcan propuestas de un plan de desarrollo y sustentabilidad socioeconómica, posibilitando proyectar en el tiempo y que no solo ofrezcan soluciones coyunturales.

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