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Opinión

El futuro de la Argentina está en su programa constitucional

Por José Armando Caro Figueroa

Publicado en “Reflexiones Políticas I”, diciembre de 2011

1. Introducción

Pensar la Argentina en términos de futuro, y hacerlo en pocas líneas, es un doble desafío. En primer lugar, porque entiendo imposible reflexionar sobre el futuro sin partir del presente. En segundo lugar, porque los problemas que nos plantea ese futuro son múltiples y de extraordinaria complejidad, sin que exista sobre ello el imprescindible material prospectivo.
En este sentido, nuestros pensadores, como nuestros políticos, suelen quedar atrapados en los debates apasionados sobre la inmediata coyuntura y sobre el pasado; una trampa que desertiza la imaginación programática1 .

2. El “bloque constitucional federal” 2

Para reseñar brevemente mi posición sobre el tema que propone el título, diré que nuestro país cuenta, a estas alturas, con un sólido ideario constitucional que resume las metas permanentes de libertad e igualdad que, es dable suponer, unen a la inmensa mayoría los argentinos.
Se trata de un conjunto de derechos, deberes e instituciones que recoge las aspiraciones nacionales expresadas por los Constituyentes de los siglos XIX (1853) y XX (1994).

A su vez, la incorporación, en esta última fecha, a nuestro ordenamiento jurídico, de las principales Declaraciones y Tratados internacionales sobre derechos fundamentales -que la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con singular acierto, viene explicitando-, completa y exalta las metas de progreso institucional y social, conformando lo que podemos llamar el Programa Constitucional argentino.

Disponemos, por tanto, de un ideario ambicioso, plural, homologable con los programas de las democracias más avanzadas, de proyección cosmopolita, y abierto a nuevas aspiraciones colectivas, pero muchas veces incumplido y ciertamente inconcluso.

El desafío de futuro es, entonces, generar los consensos y diseñar las herramientas que nos permitan avanzar hacia el desarrollo y concreción de aquel Programa. Dicho en otros términos: precisamos construir una verdadera democracia constitucional 3en donde la libertad, la igualdad y las instituciones y valores de la república sean efectivos.

3. Una agenda para las próximas décadas

Esta Agenda podría elaborarse alrededor de tres ejes: Cohesión social y territorial, Calidad Institucional y Autonomía ciudadana.

Como es natural, la presentación de los puntos de tal Agenda lleva implícito el enunciado de las principales carencias que, en mi opinión, lastran el escenario político y social contemporáneo, aun cuando su desarrollo pormenorizado escapa al propósito de estas líneas.

4. Cohesión social y territorial

El bienestar general del que habla el Preámbulo de la Constitución es incompatible con los niveles de pobreza, desempleo, exclusión y desigualdad que la Argentina arrastra, más allá de altibajos, a lo largo de los últimos 80 años.

Nuestro actual modelo de producción está centrado en la protección de ciertas industrias y la penalización de otras, y en una ideología productivista que potencia la especulación, que se desentiende de los equilibrios sociales y medioambientales esenciales, y que no termina de admitir la centralidad de nuestra agricultura y sus derivados4 , pese a la notoria evolución –positiva para la Argentina- de los términos de intercambio internacional5 .

Por otra parte, el sistema de relaciones laborales fomenta la segmentación del mercado de trabajo, en donde un núcleo reducido de trabajadores altamente protegido aparece rodeado de un considerable volumen de modalidades de trabajo sin derechos.

Ambos sistemas deben ser reformulados para promover aquel bienestar y lograr una Argentina socialmente cohesionada.

El fortalecimiento del sistema de seguridad social (incluidas las ayudas asistenciales) para eliminar la discrecionalidad y el clientelismo y democratizar la gestión de las obras sociales sindicales, es también una asignatura pendiente. En este sentido, la Argentina del futuro deberá dotarse de un sistema universal, solidario y completo de prestaciones sociales 6definidas como derechos subjetivos de ciudadanía, que dote de eficacia directa a cada uno de los derechos sociales reconocidos en el Programa Constitucional.

Los centralismos que caracterizan el funcionamiento real de los poderes del Estado Nacional, pero también de las Provincias respecto de los municipios, y de los actores sociales que operan en el sistema de relaciones laborales, resultan contrarios al ideario federalista de nuestra Constitución.

La red de infraestructuras, la coparticipación de impuestos, las regalías y las retenciones son la expresión más acabada de un centralismo que dificulta la cohesión territorial que integra nuestro Programa Constitucional.    

5. Calidad Institucional

Consolidar la paz interior es una exigencia constitucional permanente. De cara al futuro, este mandato requiere dejar atrás el trágico capítulo del terrorismo setentista, depurando responsabilidades en el inexcusable marco de las garantías constitucionales. Sin embargo, la pretensión de amnistiar de facto a uno de los dos bandos que ensangrentaron el país, la apuesta por el odio como factor que aglutina y excluye dividiendo a la sociedad en amigos y enemigos, tanto como las simétricas intentonas de manipular la reciente historia, resultan contrarios al objetivo pacificador 7.

Las leyes en vigencia que regulan el régimen electoral (incluyendo aquellas que traducen los votos en bancas o escaños) y el financiamiento de las campañas políticas, así como aquellas que autorizan las reelecciones, privilegian la concentración del poder y la perpetuación en los cargos. Por tanto, la democracia constitucional del futuro hace imperiosa su reforma.

El reemplazo del viejo presidencialismo por un régimen parlamentario si bien demanda una reforma de nuestra Carta fundamental, no puede decirse que altere el núcleo del Programa Constitucional; por el contrario, habrá de contribuir a la mejora de las instituciones de la democracia republicana y, sobre todo, a la regeneración de nuestro sistema de partidos políticos8 .

La Argentina es, en muchos aspectos, un país al margen de la ley9 . Puede afirmarse que existen dilatados espacios donde impera la ley de la selva; un fenómeno que tiene mucho que ver con la ausencia o ineficacia del Estado en áreas claves para la convivencia social como son las de urbanismo o medioambiente.

Consolidar un Estado de Derecho es una exigencia democrática. Necesitamos aventar toda amenaza sobre los derechos fundamentales (especialmente aquellas que tienen a la libertad de expresión como meta), y garantizar la plena y directa eficacia de los principios, valores, reglas, deberes y derechos (de manera singular, los derechos sociales) que conforman nuestro Programa Constitucional.

Por encima de declaraciones oportunistas, sucesivos gobiernos han procurado controlar a los jueces; unas veces para lograr la ratificación de sus políticas o garantizar impunidades, y otras para perseguir a eventuales adversarios. Construir un Poder Judicial independiente y apegado a la Constitución y las leyes, es uno de nuestros principales desafíos.

6. Autonomía ciudadana

El estatismo es, de alguna manera, una bandera que tiende a desplazar las medidas de acción directa que resultan de la autonomía individual y colectiva, desalentando la participación 10 ciudadana.

La democracia constitucional, sin perjuicio de demandar un Estado eficaz, primer regulador del mercado 10 y último garante del orden jurídico, reclama medidas de promoción de la libertad de asociación y de los derechos de organización para la autotutela del medioambiente, de las condiciones de vida y de trabajo, de los derechos de consumidores y usuarios, así como de otros derechos fundamentales.

El derecho a la protesta social es un derecho implícito en nuestra Constitución11, y está llamado a cumplir un papel central en relación con los objetivos de cohesión social y territorial. Sin embargo, se echa en falta una regulación que, de un lado, tutele su ejercicio y, de otro, lo regule para garantizar que no conculque otros derechos fundamentales.

7. El Programa Constitucional en el mundo del trabajo

En el dilatado campo del trabajo asalariado se registran añejas contradicciones entre la realidad cotidiana y el Programa Constitucional.

La efectiva vigencia de la Libertad sindical, la garantía de los derechos de usuarios y consumidores en el caso de huelgas12 que afectan a los servicios esenciales, la articulación de las normas estatales del trabajo con la negociación colectiva descentralizada y enriquecida en sus contenidos, son tareas imprescindibles si se quiere eliminar monopolios representativos, generalizar la calidad de los empleos y mejorar las condiciones de trabajo.

8. Metamorfosis13

Hoy estamos lejos de las grandes metas constitucionales. La ausencia de consensos, las brechas sociales y territoriales, la concentración del poder político y del poder económico, y los exitosos esfuerzos por construir hegemonías, retardan nuestro ingreso en la senda de progreso hacia una democracia constitucional moderna.

Pienso que la remoción de estos obstáculos es tarea de quienes estudian, actúan y sienten a la política como una conjunción de principios y de prácticas que privilegian los intereses generales; vale decir, como una acción civilizatoria que contribuye a mejorar la convivencia y las condiciones de vida.

Cabe esperar que la crisis global contemporánea -más allá de las consecuencias socialmente penosas que está generando-, al elevar la temperatura de la política, habrá de ayudarnos a derretir, también en la Argentina, definiciones congeladas14 .


1. 1 MANGABEIRA UNGER, Roberto “La alternativa de la izquierda”, Editorial FCE, Buenos Aires – 2009.

2 BIDART CAMPOS, Germán, “Tratado elemental de Derecho Constitucional argentino”, Editorial EDIAR, Buenos Aires – 1995, Tomo 4, página 555. Sobre la idea de bloque de constitucionalidad, véase también SAGÜES, Néstor P., “Elementos de derecho constitucional”, Editorial ASTREA, Buenos Aires – 1999.

3 FERRAJOLI, Luigi “Poderes salvajes. La crisis de la democracia constitucional”, Editorial TROTTA, España – 2011.

4 Me he referido con mayor detalle a este tema en mi libro “A la búsqueda de un nuevo modelo de producción y bienestar”, Editorial MUNDO, Salta – 2009.

5 FERRERES, Orlando “Dos siglos de economía argentina”, Editorial NORTE y SUR, Buenos Aires – 2010.

6 ROSANVALLON, Pierre y FITOUSSI Jean-Paul “La nueva era de las desigualdades”, Editorial MANANTIAL, Buenos Aires – 1997.

7 TODOROV, T. “La experiencia totalitaria”, Editorial GALAXIA, España – 2010. GONZALEZ, Joaquín V. “El juicio del siglo”, Editorial LA FACULTAD, Buenos Aires - 1913.

8 Sobre este asunto, véase LARIA, Aleardo F. “El sistema parlamentario europeo”, Editorial NUEVO HACER, Buenos Aires – 2009.

9 NINO, Carlos S. “Un país al margen de la ley”, Editorial EMECE, Buenos Aires – 1992.

10 POLANYI, Karl “La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo”, Editorial FCE, México – 2006.

11 GARGARELLA, Roberto “El derecho a la protesta social, el primer derecho”, Editorial AD-HOC, Buenos Aires – 2007.

12 Desarrollo estos aspectos del sistema de relaciones laborales en “Tratado sobre la huelga” (inédito - 2011).

13 MORIN, Edgar “¿Hacia el abismo? Globalización en el siglo XXI”, Editorial PAIDOS, España – 2010.

14 MANGABEIRA UNGER, R., obra citada, página 32.

 

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