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Opinión

La crisis mundial y su repercusión en Argentina y España

Por Norberto Zingoni

Publicado en “Reflexiones Políticas I”, diciembre de 2011

La crisis mundial se ha desatado. El sistema capitalista (lo que hemos conocido como países comunistas o soviéticos no era comunismo real, era capitalismo de estado) seguirá vigente. Pero habrá, al final de la crisis, y según dicen los mejores analistas mundiales, otra manera de hacer las cosas, otro estilo de producción y consumo. No será el fin del capitalismo, pero sí de este tipo de capitalismo.

Estos últimos años han sido de bonanza. Se nos decía que todo iba bien, eran años de crédito asegurado, de dinero barato, de deuda creciente, de consumo al alza, de boom inmobiliario, de empleo en aumento (de mala calidad), de beneficios pujantes, de lujosos automóviles, restaurantes atiborrados, de viajes exóticos, caprichos caros, de teléfonos móviles que se cambian cada pocos meses. Años de tipos de interés a la baja, de especulación inmobiliaria, de segundas residencias. “Todo eso se va a acabar”, sostienen los autores citados.

La crisis profunda y extendida, una crisis  sistémica, la previeron y escribieron abundantemente sobre ella: En el 2006 Santiago Niño Becerra (El crash del 2010), y en el 2008 Nouriel Roubini (Crisis de la hipotecas subprime), anunciando con lujo de detalles la crisis que se avecinaba;  la propia Unión Europea reconocía, tardíamente,  el carácter sistémico de la crisis: “A medida que las tensiones en los mercados de deuda pública se han intensificado y los riesgos de financiación bancaria han aumentado, el contagio se ha extendido a través de mercados y países y la crisis se ha convertido en sistémica “ (documento elaborado por el Comité Económico Financiero de la unión Europea en julio del año pasado).

Aceptado que la crisis es grave, profunda y extendida: ¿Cómo reaccionaron los gobiernos de España y la Argentina? (me ciño a ellos por ser los que más conozco; entre otras cosas por vivir alternadamente en ambos países).  “No hay crisis en España, tenemos uno de los mejores sistemas financieros del mundo, entre otras ventajas”, decía el gobierno español demorando irresponsablemente entre dos y tres años en tomar las medidas urgentes e imprescindibles que  aconsejaban –y recomendaban- desde los economistas de oposición hasta la Unión Europea. Hoy la crisis sistémica en España afectará –con mucho optimismo- por cinco y diez años a toda la vida política, económica y social. Para dar un solo dato escalofriante: la deuda acumulada de las comunidades autónomas asciende a 700.000 millones de euros.

España estaba atada al crédito fácil, al dinero barato y a un endeudamiento galopante. Su economía estaba basada en la construcción, la fabricación de automóviles, el turismo y la hostelería; y en  los servicios que dependen de esas actividades: aseguradoras de automóviles, suministradores de carburante, talleres de mantenimiento y reparación, concesionarios, empresas de construcción y venta de elementos para el hogar, mayoristas de elementos de hostelería, etc. Una economía absolutamente de servicios basada fundamentalmente en el ladrillo. ¿Era tan difícil prever que una crisis mundial o una crisis de la construcción o del turismo pondrían a España en situación de un país en quiebra? No, no era tan difícil. Pero para eso era necesario tener estadistas…en lugar de políticos junta votos.

“La crisis mundial no nos afectará”, sostenía el gobierno argentino.  Veamos: desde el año 2002 la economía argentina está  basada en lo mismo que desde principios de siglo: la exportación de productos primarios aprovechando la renta diferencial de la tierra. Y en especial por la exportación de soja. Oigo en una radio argentina que el economista Blejer  ha dicho hace pocos días que la “Argentina debería convertirse en un garante de las reservas alimenticias del mundo”. Muy bien, estamos todos de acuerdo, ahora bien, lo importante es lo que dijo a continuación: “pero para ello debería agregar valor agregado en el origen”. Agregar valor agregado a las materias primas. ¡Pero si esa es la asignatura pendiente desde hace 100 años! Sólo en los diez años de gobierno de Perón y en los tres de Frondizi se intentó lo que hace años estamos esperando: la industrialización y el valor agregado a los productos primarios aprovechando  la renta potencial de la tierra.

El gobierno peronista  dio un impulso fenomenal a lo que los economistas denominan “industrias dinámicas” como la industria del papel, productos químicos, caucho, automóviles, y mecánica en detrimento de las industrias tradicionales como alimentos, textiles y cueros que, sin retroceder, no tuvieron en la década el aumento fenomenal de las primeras. Así, entre 1946 y 1955 las industrias dinámicas incrementaron en 87% el “capital por persona ocupada”, derivado de la creciente demanda de esos productos y de la incorporación de mejoras tecnológicas. Siguiendo a Ricardo Sidicaro (Los tres peronismos, Estado y poder económico) quien toma los datos de Naciones Unidas, puede afirmarse que el crecimiento de la producción industrial dio, como consecuencia, un aumento de la importancia de  las industrias dinámicas y que éstas modificaron su participación en la composición del Producto Bruto Industrial, pasando de aportar el 34,9% en el quinquenio 1945-1949  al 42,2% en el quinquenio 1950-1954. Y, siguiendo con datos irrefutables, se constata que la producción de ‘maquinarias y aparatos eléctricos’ aumentó entre 1946 y 1955 un 390%. Sí, leyó bien, un trescientos noventa por ciento. Y sobre el proceso de sustitución de importaciones Aldo Ferrer sostiene que “a fines de la década del cuarenta, la totalidad de la sustitución de importaciones de bienes de consumo y productos intermedios y bienes de capital sencillos, estaba consumada”.

¡Y ahora se nos dice que hay que agregar valor a las materias primas!

Y lo mismo intentó el gobierno de Frondizi con la promoción de la industria pesada y la explotación del petróleo.

En lugar de tomar las medidas que –aprovechando la crisis mundial- nos situarían en una posición de fortaleza para los próximos años, volvemos a cometer los mismos errores ignorando la evidencia y la realidad. O demorando las medidas estratégicas imprescindibles empeñándose en batallitas imaginarias, como hizo Rodriguez Zapatero que, mientras España caminaba por el borde del precipicio, implementaba la ¡Alianza de Civilizaciones, el matrimonio (no la unión de hecho que es una cosa justa) homosexual, y la excavación de tumbas de combatientes republicanos de la guerra civil! La realidad tiene la mala costumbre de vengarse de quienes la ignoran.

Antes de entrar a enumerar sucintamente las medidas que debieron tomarse en nuestro país y no se tomaron (la incuria del gobierno español ya está a la vista) hago un pequeño paréntesis sobre el aprendizaje histórico de no repetir errores.

La facultad de acumulación de la memoria histórica –y su consecuencia inmediata que es el aprendizaje- es según Ortega y Gasset uno de los rasgos esenciales del ser humano. A diferencia del tigre para el que cada día es augural –dice-, el  hombre es él y 5.000 años de historia para atrás.  La conclusión es que, al igual que el hombre individual, los pueblos también procesan aprendizaje. Y es casi un rasgo de la inteligencia social de un pueblo determinado su capacidad de no cometer los mismos errores, la capacidad de acumular experiencias y la capacidad de evitar lo que ya fracasó. “En los procesos de cambio, la memoria y las tradiciones históricas juegan un papel fundamental, bien como referencias positivas evocando acontecimientos gloriosos, o instituciones que funcionaron bien en el pasado, o bien como referencias negativas evocando hechos vergonzosos, fantasmas de destrucción, o instituciones que fracasaron estrepitosamente y que indican que deben evitarse” (Paloma Aguilar Fernández, Memoria y Olvido de la Guerra Civil Española).

Imaginemos –como no imaginó el gobierno español sus medidas anti-crisis- que la soja se termina. Por qué  no aprovechar ahora, que todavía hay tiempo, para:

  • Acordar con las demás fuerzas políticas, sociales y económicas las  medidas necesarias para mejorar la democratización y eficiencia  de las Instituciones Constitucionales.
  • Sancionar una nueva ley de Financiación de los Partidos Políticos.
  • Encarar una reforma Constitucional ratificada por referéndum.
  • La implantación del Ingreso Básico de Ciudadanía. Complementar este IBC con el sistema de protección social.
  • La Implantación del e-gobierno.
  • Una reforma Educativa plasmada en la Constitución Nacional.
  • Una Reforma económico-social basada en la producción y una reforma del sistema financiero acorde con una economía de producción. En especial de los bancos públicos. Regionalización.

No vaya a ser cosa de que un día, un día cualquiera, los chinos, junto a Brasil, inventen (es un decir), una soja sintética y se nos quede cara de “yo no sabía”.

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