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Opinión

¿Desnutrición infantil o desnutrición de una política pública?

Por Francisco v. Urdapilleta

Publicado en octubre de 2010

Una vez que tengamos los resultados del censo 2010, que con aparente gran éxito se ha realizado el pasado 27 de octubre, veremos como ha crecido la población de nuestro país.
Para que tengamos una idea de los datos logrados sobre población, pobreza e indigencia en el último censo (2001), recordamos los siguientes:

Población argentina, 36 millones de personas aprox.

La población pobre en 2002 (sueldo promedio $ 212), era del 52,8 % (19 millones), es decir mas de la mitad de la población argentina era considerada pobre, de los cuales 8,6 millones eran menores de 18 años.-

De esos 19 millones de pobres, más de 6 millones no tenían las necesidades básicas satisfechas, es decir, no podían satisfacer su hambre ni su abrigo, pagar los servicios, o trasladarse de un lugar a otro.-

De estos 6 millones de personas indigentes, 4,1 millones era menor de 18 años, es decir jóvenes o niños.

2,3 millones eran menores de 5 años y sufrieron las consecuencias de ser los últimos de la fila: más de 1.000 niños por año murieron a consecuencia de problemas de salud originados en la desnutrición. Lo que demuestra claramente que las “crisis” las pagan los más desprotegidos. La desnutrición es la parte visible de la crisis. La piel cambia de color y textura. Las defensas del organismo bajan de golpe. Los deseos de comer desaparecen y un estado de somnolencia se adueña del cuerpo. La situación es grave y el futuro es dramático. No sólo por el deterioro físico, sino también por los retrasos que produce en la inteligencia.

Para el año 2006 la situación mejoró sensiblemente, de los 4 millones de indigentes menores de 18 años,  se pasó a 1.418.431 menores indigentes. De ellos el 12% era menor de 5 años y alrededor de 400 murieron por causas relacionadas con la desnutrición, colocando a la Argentina en el puesto 127 del ranking de países con mayor tasa de mortalidad infantil, detrás de Bolivia (67), Brasil (88) y Venezuela (125).-

¿Cuáles creen que eran las provincias con mayores índices de mortalidad infantil?

Si, acertaron: Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, y en menor escala Salta, Jujuy y Tucumán. Siempre las mismas provincias. Será por eso que cada vez que se habla o se informa sobre desnutrición infantil, lo primero que se nos viene a la cabeza, es una choza de paja en el medio de la selva con niñitos semi-desnudos, con extremidades flacas y la panza hinchada de solo comer hidratos de carbono (pan, arroz o miga) en lugar de comer alimentos con las proteínas necesarias para su desarrollo normal.

Porque hay que aclararlo bien, los niños que mueren por desnutrición, no mueren de hambre, mueren porque sus madres se alimentaron mal durante el embarazo y luego siguieron alimentando mal e insuficientemente a sus hijos en los primeros años de vida. 
El problema de la desnutrición en argentina es “hereditario”, pasa de generación en generación. Una madre mal alimentada, probablemente desnutrida desde su infancia, dará a luz hijos con mayores probabilidades de mal formaciones y con bajo peso, que probablemente no lleguen a recibir los alimentos necesarios para superar el marasmo o desnutrición crónica.
Nadie se muere de hambre o por inanición en la Argentina. El problema de la desnutrición infantil no es la falta de alimentos, sino la falta de alimentos nutritivos que les permitan crecer con normalidad.

El pasado 26 de octubre en su edición impresa, el diario La Nación publicó una nota, a raíz de una nueva muerte de una niña por desnutrición, en donde el gobernador de Misiones se mostraba ofuscado porque le adjudicaban la responsabilidad de esa  muerte, ya que la niña estaba anotada en el plan Hambre Cero que puso en campaña su gobierno en el mes de mayo de este año. Dijo textualmente “Ahora, si se muere alguien que está en este plan, salen a pegarnos. Mañana se puede morir otro chico, puede pasar. Pero si se hubiera muerto el año pasado, cuando el plan no existía, nadie se enteraba".-

Seguramente nadie se hubiera enterado, como probablemente nadie se ha enterado de las miles de muertes que han ocurrido a lo largo de décadas por las mismas causas.
Es que recién en  mayo de 2010, después de casi 10 años de la peor crisis social que vivió el país, se implementa un plan contra la “desnutrición” que nos permite enterarnos de la muerte de una pequeña criatura inocente, carente del mas básico recurso: alimento saludable ¿Es algo nuevo el problema de la desnutrición?
Quien sabe cuántos niños mas habrán muerto sin que lo sepamos. ¿Es culpa del Plan? ¿Es culpa del Gobernador de Misiones? ¿Es culpa del Estado? ¿De este Gobierno?
¿No será culpa de una desnutrición de políticas publicas en la Argentina que no ha sabido o no ha querido solucionar el problema de fondo?
El origen del problema no es nuevo,  lo sabemos todos. Son muchos años de falta de políticas concretas que busquen solucionar el problema de fondo: falta de educación y contención social, falta de redes de agua potable, saneamiento cloacal, falta de viviendas dignas por nombrar los mas importantes. No es solo un problema de alimentos.

Pero  la solución no depende exclusivamente del Estado, sino de toda la sociedad en su conjunto, que a través de las ONG puede colaborar con la solución de este eterno drama. Ya existen un sinnúmero de organizaciones sin fines de lucro que aportan ideas y esfuerzos de voluntarios junto a recursos económicos que deberían ser aportados por el Estado, sea el gobierno Municipal, Provincial o Nacional.

Se han implementado programas de granjas autosustentables en escuelas, donde se les enseña a los alumnos a cultivar sus alimentos además de otorgarles instrucción en alimentación básica. El problema aquí es que muchos casos de desnutrición grave no llegan ni a la escuela porque mueren antes.

Hay que ir mas arriba en la cadena y atajar el problema antes, cuando la madre queda embarazada.

Un estudio reciente realizado en la Universidad de Washington demuestra que el número de muertes en niños menores de 5 años disminuyó de 16 a 7.8 millones al año y los investigadores estiman que 51% de la reducción se puede vincular al aumento en el nivel de escolaridad entre las mujeres en edad reproductiva. Esto significa que en 2009 hubo 4.2 millones de niños que no murieron, debido a que las mujeres aumentaron sus años de escolaridad.

Ya decía Amartya K. Sen, premio Nobel de Economía, “la mortalidad de menores de 5 años que aun reclama una cantidad sorprendente de vidas, tiene que ser vista como un empobrecimiento en sí mismo. Las mortalidades asociadas a estas carencias básicas representan también violaciones a la libertad de los más jóvenes para vivir de manera que ellos puedan disfrutar y apreciar. Pero, fundamentalmente, para ello tienen que estar vivos y no muertos”1.-

1 “Invertir en Infancia”, conferencia de Amartya Sen en la Asamblea anual del Bid, Paris, 14 de marzo de 1999.-

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