Fundación Nuevas Generaciones Club de Ex Becarios Argentinos
 
 
 
 
Opinión

El Peronismo y las Nuevas Generaciones

Por Norberto Zingoni

Publicado en junio de 2010

PRIMERA PARTE

“Y es así: quien no entiende al peronismo no entiende el país”.

Dice el prestigioso científico argentino Mario Bunge. Concuerdo plenamente: no entender al peronismo torna imposible un análisis integral de los últimos sesenta años de la historia nacional. Puede afirmarse sin demasiada exageración que para conocer lo que le ocurrió al país en los últimos años hay que saber qué le ocurrió al peronismo.  El peronismo recorre desde su origen el espinel de la vida nacional de la segunda mitad del siglo XX. Eso lo reconocen muchos autores, en especial extranjeros, que  estudian al peronismo. Dice uno de ellos acerca de su investigación sobre nuestro país: “La intención de este libro es estudiar uno de los capítulos de la Argentina. En ese capitulo, explicar el peronismo fue sinónimo de explicar la Argentina” #

Dos proyectos en pugna: el Proyecto del 80 y el Proyecto Justicialista plasmado en la Constitución de 1949.

Hubo, según mi opinión, dos proyectos abarcadores y nacionales aunque ninguno llegó a plasmarse del todo: el Proyecto del 80, basado en la derrota de los caudillos federales, en la Constitución de 1853 y en los principios liberales predominantes en Europa y estructurado como un capitalismo dependiente,  colonial, que tenía a Inglaterra como potencia dominante y receptora de nuestras materias primas, por una parte,  y el Proyecto nacional-justicialista plasmado en la Constitución de 1949 que venía, luego de la 2da. Guerra mundial, a reemplazar aquél proyecto del 80, proyecto por entonces ya terminado o en vías de terminar como consecuencia de nuevas situaciones nacionales  como la integración de los inmigrantes o el advenimiento de los trabajadores a la cosa pública. Y también acabado por circunstancias internacionales tales como  el nuevo orden mundial que emergió de las dos guerras mundiales (14/18 y 39/45) y que dejaba anacrónica la alianza de los factores de poder de nuestro país con Inglaterra ante el advenimiento de un nuevo imperio: los EEUU.

El Proyecto del 80 había sido un proyecto “para pocos”, alguien lo definió como de vacas gordas, obreros flacos y pueblo ausente.

“Durante sesenta y tres años, de 1883 a 1916 la oligarquía gobernó el país sin más inconvenientes que el choque de ambiciones y de codicias de sus propios constituyentes. El gobierno cesante elegía al gobierno entrante. El pueblo no era nada más que un productor de riquezas para otros. El país progresó exactamente en la medida que le convenía al extranjero y a su mediador nacional. El extranjero se reservó el mando directo de las vías de comunicación y de transporte y dejó a la oligarquía la tenencia efectiva de la tierra”, dice dice Scabrini Ortiz.

Sin perjuicio de que el Proyecto del 80’ hiciera avanzar al país en sus números macroeconómicos, lo cierto es que  estaba ya agotado cuando surge el peronismo. Por causas propias: H. Irigoyen había dado el primer gran golpe contra el proyecto oligárquico incorporando a la vida política al hijo del inmigrante; e  internacionales: las dos guerras mundiales. Un nuevo orden mundial  emergía de las dos guerras mundiales (14/18 y 39/45) y  dejaba anacrónica la alianza de los factores de poder de nuestro país con Inglaterra.

El Justicialismo era el Estado de Bienestar que Europa instauraría años después.

Lo que Europa montaba a partir de la segunda guerra mundial ¡ya era en nuestro país una realidad desde 1943 hasta 1955!  Veamos cómo describe al “estado de bienestar” europeo uno de sus mayores tratadistas y comparemos honestamente si no parece una descripción del justicialismo fundacional: “Las demandas sociales a favor de una intervención del estado procedían de distintos sectores: de las organizaciones de los trabajadores –partidos y sindicatos-(…), de la clase empresarial, que quería contratos con el estado y su protección frente a la competencia extrajera; de los segmentos profesionales y administrativos de las clases medias, interesados en ocupar puestos de trabajo en el sector público  (incluyendo escuelas, hospitales y otros servicios); y de los campesinos, ansiosos por recibir subsidios estatales y tarifas proteccionistas”.#

Los logros justicialistas como la protección social, el IAPI, los barrios obreros, los sindicatos, las escuelas, los hospitales, la industrialización con el diferencial de renta agraria, el ascenso social de los trabajadores y las clases medias, la integración social, pueden pasar perfectamente por logros del “estado de bienestar” europeo.

Todos los autores que estudiaron el Estado de Bienestar describen una situación similar a la que intentó el peronismo de los 50’ sosteniendo que aquellos trabajadores tenían ahora la oportunidad de comprar sus viviendas y adquirir bienes de consumo duraderos como coches, o electrodomésticos y sostiene que las además las políticas sociales se diseñaban para que los trabajadores recibieran la protección del estado en dos áreas clave,  la de las transferencias sociales (en forma de subsidio al desempleo, ayudas a la adquisición de viviendas, enseñanza, sanidad y seguro social) y la de la regulación del mercado de trabajo (con el propósito de proteger la estabilidad en el puesto de trabajo.

El Estado intervencionista era el factor fundamental del “estado de bienestar europeo” y es también uno de los ejes sobre el cual pivoteaba el gobierno justicialista con los Planes Quinquenales pergeñados por Perón y su ministro Figuerola.

La instalación del Estado del Bienestar justicialista a continuación del Proyecto del 80 hubiera sido muy beneficioso para el país. Ése era el camino correcto. Lo que transitamos, en cambio, fueron golpes de Estado, gobiernos débiles, máscaras y/o caricaturas de lo que pudo y debió ser.  El 17 de Octubre de 1945 se iniciaba una etapa que hubiera, no tengo dudas, conformado otro país. Pero no fue así. La contumacia de los sectores de la burguesía y en especial los factores de poder que habían mandando en el país durante tantos años no pudieron soportar el advenimiento de un nuevo orden basado en el intervencionismo del Estado, el ascenso de la clase trabajadora, la fuerza de los sindicatos y un política exterior independiente. Como dice una autora el odio desatado al advenimiento del peronismo lo era en algunos sectores –pequeños comerciantes, profesionales, clase media- más por motivos estético-sociales que por motivos económicos o políticos. “En realidad el peronismo lesionó a las clases medias menos en sus intereses económicos, y más, mucho más a través de sus pautas éticas y sus modelos culturales. En efecto, fue la supuesta ‘incultura’ del peronismo, esa ‘barbarie’ que asomaba en sus rasgos contraculturales y plebeyos, lo que más fastidiaba y afectaba la tranquilidad amenazada de las clases medias, más que nunca identificadas con los patrones culturales y estéticos de la cultura oficial, con el ‘buen gusto’, con la ‘cultura decente’.”

El primer fracaso: el golpe de 1955.

Luego del cruel bombardeo aciviles indefensos en junio de 1955 viene el golpe de Estado de setiembre de 1955 que Perón (una incógnita para la historia) no quiere detener. Pudiéndolo hacer, militarmente. La lucidez de Abelardo Ramos vio lo que se venía: una situación de empate absurdo y retardatario entre los dos Proyectos: “Si la Revolución Libertadora implica un retroceso, aunque en modo alguno el retorno al punto de partida, o sea el 3 de junio de 1943, tampoco llega la oligarquía a realizar su programa hasta el fin. El crecimiento del país y los grandes intereses industriales creados impiden esos propósitos de Rojas. De ahí que los libertadores (se refiere al golpe de Estado de 1955) se sientan tan frustrados como los peronistas. Ni la vieja Argentina ni la nueva logran vencerse de modo completo”.

La decadencia irremediable del país empieza allí, en setiembre de 1955. No busquen los politólogos en otro lado. Ya vimos cómo comienza una política errática en lo político y lo económico. Cómo se pierde el rumbo como país.

El segundo fracaso: el golpe de Estado de 1976.

El segundo fracaso del peronismo fue no poder continuar en los años setenta la revolución social interrumpida en 1955. Perón volvía como el garante de una Argentina unida y solidaria. Descarnado. Cultísimo por sus años de estudio y contacto con los grandes líderes mundiales. Pero viejo y enfermo. Y allí éramos nosotros, la generación de los sesenta, los que debíamos tomar la antorcha. Que era, por otra parte, lo que el mismo Perón pedía. Lamentablemente unos pocos jefecitos mesiánicos originados en la JEC y la Acción Católica (Firmenich, Ramus, Abal Medina, Mazza) constituyeron la organización militarizada Montoneros, (del ERP y Cia. no me ocupo ya que su ideología era marxista-leninista cuando no trozkista y nunca tuvieron nada  que ver con nuestro ideario nacional y popular), organización que militarizó la política, promovía la toma del poder por la armas y la imposición de un difuso “socialismo nacional”. Se incorporaron al Movimiento Nacional Justicialista por propia decisión (ver carta de Montoneros a Perón del 9/2/1971). Nadie los llamó. Y conspiraron grandemente contra ese proceso que se iniciaba en los setenta. Frustraron, con su infantilismo pseudo revolucionario, no sólo a Perón quemando sus últimas fuerzas, sino al gobierno justicialista y, de paso, a toda una generación (según el Indec, antes de su actual destrucción, los jóvenes entre 20 y 40 años éramos en los 70’, 6.900.000, demasiados para ser frustrados por unos pocos cientos de delirantes, muchos de ellos en el actual gobierno), una generación entera que aspiraba a una justicia social como nunca masivamente se había dado en la juventud de clase media que acompañaba al peronismo.

El  Peronismo actual.

Lo que viene luego cruento golpe de Estado de Videla y cía. es un peronismo difuso, contradictorio, que pierde el rumbo de lo que fue su impronta original. Que pasa, por ejemplo, de un gobierno peronista neoliberal cavallista que es capaz de vender YPF a otro gobierno peronista promotor de Hebe de Bobafini, con ex guerrilleros en su seno. Nadie puede, si no se entiende el origen, entender al peronismo actual que emergió en 1983. Porque poco y nada tiene que ver con el verdadero peronismo. Hubo en la última elección tres candidatos a presidente peronistas. En la que viene puede ser peor aún la dispersión, la división y, lo más grave, el hastío de los fieles votantes peronistas con sus dirigentes. Por eso creo que si no se hacía este pequeño recorrido por la historia del peronismo será difícil, si no imposible, ver qué ideas del peronismo siguen vigentes y cuales deberán ser dejadas de lado. En la próxima nota trataré de dar mi opinión acerca de qué valores del peronismo tradicional (e inconcluso) debieran ser rescatados por las nuevas generaciones políticas.


SEGUNDA PARTE

En mi primer artículo para vuestra promisoria organización de jóvenes generaciones políticas desarrollaba mi visión del peronismo (expuesta en detalle en mi libro El peronismo y sus máscaras, el enigma del país inacabado, Ed. Fabro): el peronismo había sido el Estado del Bienestar argentino frustrado en 1955 y en 1976. Y que el peronismo que vino después había sido (y lo es) un remedo –obligado por proscripciones, fusilamientos, etc.- de lo que había sido el peronismo original. Sin embargo creo que algunas ideas centrales del peronismo siguen hoy vigentes. Muy apretadamente (el Sr. Director Obiglio a su vez me ha “apretado” con la brevedad) creo que estas ideas-fuerza del peronismo (una especie de asignatura pendiente), son las siguientes:

El Pacto Social

El Pacto Social firmado entre empresarios y trabajadores y avalado por el Estado era el instrumento elegido por Perón para consolidar la participación de los trabajadores en la renta nacional. Hoy se habla de un imprescindible Pacto entre Sindicatos y Patronales empresarias para fijar no sólo los salarios, sino también  todo el mercado de Trabajo. Eso es otra genuina creación del peronismo. Para ello tuvo que darles una jerarquía que las organizaciones obreras no tenían.

Los sindicatos y organizaciones obreros  pasaron de ser considerados organizaciones ilegales -según fallo de la Corte Suprema de Justicia en 1944- a elementos del estado social.

El Decreto-ley  de Asociaciones Profesionales Nro. 23.852 fue la llave maestra que cambiaba el panorama de la agremiación conocida hasta ese momento: prohibía la intervención del Estado en los sindicatos, reconocía la personería gremial a los sindicatos mayoritarios y evitaba la multiplicación de gremios ficticios o instrumentados por la patronal.

La participación de los obreros en la vida pública

Esta fue la piedra angular del ideario justicialista. La idea central del peronismo con respecto a la función de los trabajadores en la vida nacional está contenida en el mensaje de Perón a la Asamblea Legislativa del 1ro.de mayo de 1974. Los Trabajadores –sostenía-  columna vertebral del proceso, están organizándose para que su participación trascienda largamente de la discusión de salarios y condiciones de trabajo. El País necesita que los trabajadores, como grupo social, definan cuál es la sociedad a la cual aspiran, de la misma manera que los demás grupos políticos y sociales. Pero, a su vez, Perón les exigía capacitación intensa para la tarea de instaurar la Justicia Social.

Estos derechos de participación en la cosa pública de la clase trabajadora fueron reconocidos en la Constitución de 1949 en el título de Derechos del Trabajador.

Pero lo que el peronismo incorporó y fue decisivo fue, además de  los beneficios que se otorgaban a los trabajadores, la participación de los trabajadores en la vida pública. Ese fue, quizá, el gran mérito de Perón y del peronismo original. Así como Irigoyen había incorporado al inmigrante y sobre todo al hijo de inmigrante que sentían como suya esta patria lejana, Perón les hizo sentir a los trabajadores que el futuro era de ellos o al menos no habría más patria sin que los trabajadores participaran en la vida pública. “Los trabajadores recibían un genuino aguijoneo psicológico cada vez que uno de los hombres (y posteriormente las mujeres) salidos de sus filas era nombrado en un alto cargo de gobierno”#.

La distribución de la riqueza

La Justicia Social era uno de los objetivos de la Gran Década; en 1954 la participación de los trabajadores en el Producto Bruto Interno era de entre e 47% y el  49%. En el año 2003 había bajado al 25%. Luego algunos distraídos se preguntan por qué la gente humilde o los trabajadores siguieron votando al peronismo (aún a sus máscaras y/o caricaturas) durante cincuenta años. Asimismo la brecha entre ricos y pobres que había sido una de las conquistas genuinas argentinas a partir del peronismo arroja estos resultados luego de cincuenta años de derrocado el peronismo original: en Capital y Gran Buenos aires el 10% más rico de la población gana 26,4 más que el 10% más pobre de la misma población (diario Clarín 29/7/2001). Y en todo el país el 10% más rico gana 30 veces más que el 10% más pobre (diario Perfil 16/3/2008).

En 1948 el salario real del trabajador industrial especializado había aumentado un 27% por sobre el nivel de 1943, mientras que la mano de obra no especializada aumentó un 37% por sobre el nivel de 1943. El aumento del nivel de vida de los trabajadores, los planes de vivienda, la incorporación a los beneficios previsionales fueron innegables. La construcción de hospitales y escuelas no ha podido negarse ni por los más recalcitrantes opositores.

Principio de la protección del más débil

“Para que se elimine la ley de la selva y se establezca una verdadera posibilidad de igualdad no olvidemos que aquello que no se legisla explícita y taxativamente a favor del débil, queda legislado implícitamente a favor del poderoso. No es el poderoso quien necesita amparo legal. El tiene su ley en su propia fuerza. De esta diferencia de apreciaciones prácticas se olvidaron aquellos constituyentes de 1853 que equipararon en una igualdad virtual los derechos del hombre y los derechos del capital, olvido que dio origen a un sociedad deshumanizada en que hemos vivido hasta ahora bajo la tiranía de poderes abstractos, herméticos para toda afección e implacables en la aplicación de sus provechos” ( Raúl Scalabrini Ortiz, Irigoyen y Perón, Editorial Plus Ultra, 1972, Pag. 105).

Los derechos sociales adquirían rango constitucional con  la constitución nacional de 1949 y deben volver a serlo: La Constitución de 1949 consolidaba así una revolución social con la instauración de los derechos del trabajador, la ancianidad, la familia, la niñez, la mujer, etc. superando la concepción individualista del liberalismo, el cual había consagrado al individuo aislado, desgajado de las sociedades a las cuales pertenece naturalmente (familia, sindicato, localidad, etc.). Piénsese que estos derechos que la Constitución de 1949 prescribía son casi contemporáneos –y casi idénticos- a los derechos previstos en la  Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas de 1948.

Hacia 1952 Sampay llevó a cabo un viaje a Europa haciendo conocer el nuevo texto constitucional el cual hizo llegar a universidades, foros, gobiernos y, entre otros políticos, a Amintore Fanfani en Italia y a Charles de Gaulle en Francia.

La propiedad privada en función social

Dice Scalabrini Ortiz: “Sin la inviolabilidad de la propiedad, todo el artificioso edificio de la Constitución (de 1853) se derrumba con estrépito, porque toda ella ha sido concebida, como bien lo comenta Alberdi, para sostener y apuntalar esa inviolabilidad” (Irigoyen y Perón, ob. cit. Pag.125).

La propiedad en función social: Artículo 38º: La propiedad privada tiene una función social y, en consecuencia, estará sometida a las obligaciones que establezca la ley con fines de bien común. Incumbe al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo e intervenir con el objeto de desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultiva.

Aquí cabría destacar que en el breve interregno del gobierno peronista 1973/1976 se implantó el impuesto a la herencia. Podría decirse que las ideas centrales del primer gobierno justicialista continuaban en ese gobierno, en este caso las limitaciones a la propiedad privada en función social#.

La economía social de mercado

Estos derechos de participación en la cosa pública de la clase trabajadora fueron reconocidos en la Constitución de 1949 en el título de Derechos del Trabajador.  La Constitución de 1949 traía entre otras reformas revolucionarias una nueva visión económica, implantando como principio el de la justicia social y la función social de la propiedad. Y otro original principio, que ha pasado casi desapercibido en los análisis del peronismo era el siguiente: el capital debía ser puesto al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social frase repetida por Perón  que luego asciende a principio constitucional. Este principio constitucional da por tierra con el tabú de la economía liberal de la intangibilidad del capital. El Artículo 39 de la Constitución decía textualmente: El capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social. Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino.

Los recursos naturales. La ecología

¿Qué duda cabe que fue Perón quien introdujo en la conciencia nacional el concepto de ecología y la necesidad del cuidado de los recursos naturales. Son reiterados y proverbiales sus apelaciones en tal sentido. Ya hace más de 30 años nos decía estas cosas: “Ellos (los países centrales), con su tremendo avance tecnológico, han despilfarrado los medios de supervivencia y se están quedando sin los mismos. Nosotros en cambio, no hemos comenzado a explotar esta tierra inmensa que tenemos(…)Ese mundo hambriento, dentro de pocos años, tendrá un camino como solución que es la geopolítica, produciendo más y distribuyendo mejor los medios de subsistencia” (mensaje a los altos mandos de Armada, 10/11/73).

El famoso Artículo 40º de la Constitución de 1949 preveía: Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación, con la correspondiente participación en su producto, que se convendrá con las provincias. Los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. Los que se hallaren en poder de los particulares serán transferidos al Estado, mediante compra o expropiación con indemnización previa, cuando una ley nacional lo determine.

Promover la industrialización con el diferencial de la renta agraria.

Una de las claves sobre las que se trabajó fue la transferencia de recursos de la renta agraria a la incipiente industrialización. Para eso el gobierno justicialista se sirvió del IAPI que se estudiará más adelante. Galasso #  se pregunta acerca de quién habrá sido de los tres (Perón por su experiencia en Europa, Figuerola con su estudio sistemático de las legislaciones del mundo o Miranda con su experiencia práctica) el que descubrió la clave: el diferencial de la renta agraria entre los precios internacionales y el bajo costo de producción de los productos primarios que durante años se los habían apropiado los exportadores, las cerealeras extranjeras y los intermediarios financieros, en manos generalmente de los ingleses.

Los objetivos económicos generales que desarrolla el justicialismo –y que ya estaban en ciernes en el gobierno militar de 1943- son:

- la protección de las industrias surgidas en las condiciones favorables creadas por la guerra mundial;

- el desarrollo de nuevas actividades industriales;

- las transferencia intersectorial de ingresos y la política de crédito tendiente a abaratar la adquisición de bienes de capital y de materias primas importadas;

- la expansión del mercado interno mediante mejoras de los ingresos de la población y, en especial, de los asalariados (Ricardo Sidicaro, Los tres peronismos, Estado y poder económico, 1946-55/1973-76/1989/99, Ed. Siglo XXI editores, 2002).

Hoy quizá (a diferencia de lo hecho en los dos primeros gobiernos peronistas) el diferencial de renta agraria debería ser aplicado a las agroindustrias  y al desarrollo de la tecnología del sector.

La planificación justicialista. Los planes quinquenales (1947/51 y 1952/57).

El plan trienal (1974): Perón crea el Consejo Nacional de Posguerra el 25 de agosto de 1944 mediante Decreto 23.847 que es el antecedente de los planes quinquenales. En el se va delineando el futuro que deparará a la Argentina la pos guerra y va proyectando una planificación ordenada.

Poco se ha dicho en los estudios sobre el peronismo acerca de la importancia de los Planes Quinquenales de gobierno. Pero ellos eran la substancia del gobierno. Y José Figuerola  el alma de esa planificación. Perón le encarga a Figuerola (para entonces designado Secretario Técnico de la Presidencia de la Nación) un programa económico para su gobierno. Y Figuerola elabora un documento detallando las prioridades en una gama amplísima de actividades gubernamentales y le sugiere a Perón que lo llamara “Plan Quinquenal”. El Plan fue elevado al Congreso y cuenta el historiador Page que la sesión conjunta de ambas Cámaras donde debía aprobarse la planificación nacional por cinco años, fue boicoteada por la oposición por “problemas de procedimiento” al convocar la Asamblea. ¡La Asamblea donde se discutía el futuro de la Argentina de posguerra, boicoteada por problemas formales! Cuenta el historiador americano que los legisladores se encontraron en sus bancas con dos volúmenes bien encuadernados detallando el Primer Plan Quinquenal. Y que durante cuatro horas el propio Perón con Figuerola a su lado leyeron el trabajo, Perón con su entonación argentina y Figuerola con sus inflexiones catalanas. El Primer Plan Quinquenal era tan ambicioso como real. Ambos demostraban que se podía; demostraban que se podía hacer una revolución en paz…Quizá ellos dos, Figuerola y Perón, allá arriba, en el estrado, ante la Asamblea legislativa,  sintieran que estaban (realmente lo estaban) instalando al país en el futuro, en la esperanza. Pero no calcularon bien el rencor que despertaba el ascenso social y político de los trabajadores.

El eje de la planificación justicialista estaba sintetizado en:

Gobierno centralizado

Estado descentralizado

Pueblo libre

La importancia de estos planes de desarrollo es tal que China, por ejemplo, lleva 11 Planes Quinquenales sucesivos en este fabuloso desarrollo de principios de siglo XXI. Y Mario Bunge, el famoso politólogo argentino radicado en el exterior, dice de los planes quinquenales: “Los dirigentes soviéticos tardaron un decenio en elaborar y poner en práctica los Planes Quinquenales que transformaron a una sociedad atrasada en una potencia moderna (La Nación, Enfoques, 2/2/2010)”. ¡En eso de los planes quinquenales estaba la Argentina cuando vino el inicuo y cruel golpe de Estado de 1955!

La planificación del desarrollo de un país es a todas luces mucho más práctica y motivadora que los números contables de un país (el Presupuesto anual) con que se ha querido, en la ideología liberal, reemplazar a esta planificación nacional. La planificación tiene más, mucho más, que ver con un Proyecto Nacional que cualquier previsión contable o económica. Aunque la presuponga y la contenga, la previsión contable siempre deberá estar supeditada al plan superior de desarrollo de país. Esto lo aclarará Perón en la presentación ante la Cámara de Diputados de la Nación del Proyecto de Ley del Segundo Plan Quinquenal, que debía abarcar desde 1953 inclusive hasta 1957 inclusive.

La Tercera Posición

Perón delinea en este documento su Tercera Posición, que se refleja no sólo en el ámbito de los intereses internacionales como prescindente de la hegemonía tanto de los EEUU como de la Unión Soviética, sino también en los aspectos de la planificación gubernativa: “El individualismo, cuya filosofía de la acción es netamente liberal, entiende que en su acción el Gobierno debe prescindir de toda intervención en las actividades sociales, económicas y políticas del Pueblo. Las consecuencias  han sido desastrosas: la anarquía política en lo político, el capitalismo nacional o internacional en lo económico, y la explotación del hombre por el hombre en lo social. El colectivismo, cuya filosofía de la acción es netamente antiliberal, entiende que en su acción el Gobierno puede y aun debe asumir la dirección total de las actividades políticas, económicas y sociales del Pueblo. Las consecuencias no han sido menos desastrosas que en el individualismo: dictadura en lo político, intervencionismo en lo económico, explotación del hombre por el Estado en lo social”.

La Planificación centralizada justicialista se complementa con la ejecución descentralizada del Estado y las organizaciones libres del Pueblo. Definida la naturaleza de la democracia a la cual se aspira hay un solo camino para alcanzarla. Gobernar con PLANIFICACIÓN, afirma Perón en 1974 en el mensaje a las Cámaras.

A diferencia de la planificación comunista que centralizaba todas las decisiones, la planificación justicialista sólo centraliza la planificación gubernamental, dejando la ejecución (y por ende las decisiones que ello presupone) en manos de las provincias, los municipios y en las organizaciones libres: Sindicatos, Organizaciones sociales, Organizaciones profesionales, etc. Y, por último, se garantiza la libertad del Pueblo. Estos tres estamentos armonizados, Gobierno, Estado y Sociedad, conforman, según el pensamiento de Perón, la Comunidad Organizada.

Esta idea la confirma Perón en su vuelta al país afirmando que el viejo Consejo Nacional de Posguerra de 1944 contenía las bases filosóficas del movimiento que se llamó La comunidad Organizada. De allí nació nuestro movimiento; es allí donde fijamos una nueva ideología, tan distante de uno como de otro de los extremos que en esa época el mundo se dividía (Inauguración del Curso de Doctrina Justicialista en el Teatro General San Martín, el 19 de abril de 1974).

La ayuda social.

De la Fundación Eva Peron al Ingreso Básico de Ciudadanía: Probablemente uno de los conceptos más revolucionarios del peronismo está expresado en la frase:-Ahí donde hay una necesidad, ahí hay un derecho.

Hoy, sin abandonar la Ayuda Social que es consubstancial con el peronismo, el peronismo está analizando la instauración de un Ingreso Básico de Ciudadanía a través de algunos de sus dirigentes como el Dr. Eduardo Duhalde.

Mensaje a la juventud

Extracto, por último, algunos párrafos dirigidos por Perón a los que entonces éramos la juventud argentina politizada; aplicables hoy más que nunca; quizá por ustedes las jóvenes generaciones políticas:

Por eso he dicho muchas veces que nada se justifica más como organismo político que “el partido de la juventud”, en el que se consiga un real entendimiento entre todas las fracciones políticas o ideológicas en que se  encuentre fragmentada la nueva generación (Las Bases, 21 de junio de 1972).

Creo que la situación argentina es de tal naturaleza, que es imprescindible que todos los argentinos, deponiendo todas las pasiones que puedan habernos movido y todas las controversias en que podamos habernos vistos envueltos en el pasado, nos persuadamos de la necesidad de que todos, unidos y solidarios, nos pongamos a resolver una situación que, de otro modo, puede conducirnos al desastre futuro (30 de agosto de 1973).

Nos encontramos con una generación en que hay un gran vacío, porque esa generación de amanuenses que ha actuado durante dieciocho años en el Estado, eso no sirve para nadie, eso no sirve ni para Dios ni para el diablo…Lo que yo les puedo garantizar es que en dos o tres años este problema puede ser solucionado y pueden ustedes encontrar la nueva generación que ha de hacer el verdadero trasvasamiento generacional. ..Hay que ir creando los seguros y reaseguros necesarios para que la juventud sea verdaderamente una juventud de emergencia…(diario Ya, 8-IX-73).

Yo he querido llegar a ustedes con estas palabras, que reafirman, de la manera más absoluta, que nuestro Gobierno, si es que triunfamos, será un gobierno de emergencia, porque la situación también es de emergencia. En ese gobierno de emergencia haremos lo que en los casos de emergencia hay que realizar: llamaremos a todos los argentinos y pondremos en sus manos la posibilidad de hacer cada día algo por la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de la Nación (30 de agosto de 1973).

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