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Opinión

La modernización en la Argentina

Por Andrés Ibarra

Publicado en “Reflexiones Políticas VI”. Diciembre de 2016

Las elecciones nacionales de noviembre de 2015 serán difíciles de olvidar para todos los que comenzamos a participar en política con Mauricio Macri. No sólo por su llegada a la Presidencia de la Nación, sino porque significó el inicio de una nueva etapa institucional en la Argentina, después de más de una década de tener un Estado al servicio de la militancia política.

Mi tarea en la gestión pública, primero en la Secretaría de Recursos Humanos y luego en el diseño y en la creación del Ministerio de Modernización del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, me proveyó de una visión, que no tenía hasta ese momento, acerca de los efectos de la gestión administrativa sobre la política y el impacto de la política sobre la vida de la gente. A mi trabajo cerca del entonces Jefe de Gobierno, y a la movilizadora experiencia de “crear” de la nada un ministerio, se suma ahora la responsabilidad de transformar el Estado federal y poner en funcionamiento una escalada de modernización a nivel provincial y municipal desde el primer Ministerio de Modernización de la Nación.

Las personas estamos en un estado de evolución constante, de transformación y de cambio. Por eso decidí aceptar la misión que me encomendó el Presidente para diseñar una política de modernización a nivel nacional desde “cero”. Porque “modernización” significa la mejor manera de adaptarnos a los cambios que no controlamos, pero también la manera que tenemos de crear el futuro que proyectamos.

A continuación daré mis puntos de vista sobre el impacto del Plan de Modernización que llevamos adelante en todo el país junto al Presidente Mauricio Macri (decreto 434/2016), desde tres perspectivas: la sociedad, la política y el Estado.

Estado es estar (perspectiva desde la sociedad)

Durante la campaña, en cada timbreo percibí que la mayoría de las personas se siente desamparada. Sienten que los funcionarios no tenemos real interés en sus preocupaciones y expectativas. Y con razón: durante décadas tuvimos un Estado débil, lejano, politizado y disminuido en sus capacidades. Pero esto no es algo que ocurre porque quienes lo integran carecen de vocación de servicio. El verdadero problema es la propia organización de la administración pública. La manera de decidir, planificar y actuar ha quedado profundamente atrasada, no sólo en comparación con otros países del mundo sino y principalmente, con la propia sociedad.

En tiempos donde la tecnología facilita y simplifica todo lo que hacemos, el ciudadano no quiere ni puede esperar más para que ocurra lo mismo con los servicios públicos. Durante años nos han hablado de un “Estado presente”, pero no fue así. El Estado que hemos heredado no estuvo cerca de la gente sino todo lo contrario, trabajando en base a fines electorales. Por eso, a partir del 10 de diciembre, empezamos a construir una administración pública capaz de mejorar la vida de todos los argentinos.

¿Qué significa esto? Que el ciudadano no tenga que pasar por innumerables lugares para resolver un trámite y pueda hacerlo desde su casa; que no necesite viajar miles de kilómetros para atenderse en un hospital porque en su municipio no cuentan con los equipos necesarios; que no tenga que hacer colas interminables en cada dependencia pública; que pueda sacar un turno desde internet; que pueda ver que hace el Estado con sus aportes; y que si quiere emprender, pueda darle vida a su proyecto en semanas y no en años. En definitiva, que pueda contar con un Estado que le brinda soluciones en lugar de obstáculos.

En este sentido, hemos logrado que Argentina sea el primer país de la región en incorporar el Expediente Electrónico y la firma digital, con el fin de simplificar y agilizar cada proceso interno y externo del Estado. De esta manera avanzamos en la despapelización a través del Expediente Electrónico que ya funciona en 18 ministerios nacionales y generó más de 2 millones de documentos íntegramente de manera digital, permitiendo que se vayan digitalizando cada uno de los trámites y se resuelvan a distancia. Pronto habremos instalado el sistema en todos los organismos públicos. Y de la misma manera lo estamos haciendo con Compr.ar, una nueva plataforma de compras del Estado que transparenta y agiliza los procesos licitatorios, permitiendo el seguimiento del mismo en todas sus etapas.

Como parte de la Estrategia Nacional de Gobierno Abierto, que tiene como objetivo transparentar la gestión pública y fomentar la participación ciudadana, lanzamos el Portal Nacional de Datos Abiertos (datos.gob.ar) para poner a disposición de los argentinos lo que hace el Estado. El mismo cuenta ya con 24.000 audiencias de funcionarios públicos, 45.000 declaraciones juradas, el organigrama actual del Estado y sus estructuras, las personas contratadas, los sueldos de funcionarios, el presupuesto y la distribución de la pauta oficial, entre otros. Además, hemos desarrollado portales de Datos Abiertos en los ministerios de Justicia y Derechos Humanos, Agroindustria, Energía y Minería y PAMI.

Hoy nuestro país se encuentra en el puesto 54 en materia de apertura de datos públicos. Uruguay, por ejemplo, se ubica en el 7mo lugar. Nuestro objetivo en estos 4 años es posicionarnos entre los 10 países más transparentes del mundo. El año que viene la Argentina será sede de la Cumbre Regional para las Américas de la Alianza para el Gobierno Abierto. Este es un gran avance en el plano internacional, donde la Argentina ha cambiado su imagen drásticamente. Ya no somos un Estado oscuro, que oculta su información o la manipula. Hoy somos un país comprometido con la verdad.

Un Estado al servicio de la gente (perspectiva desde el Estado)

El personal de la administración pública, las personas que han pasado una vida entera trabajando para el bien común, sienten que no se los valora suficientemente. Esto lo he percibido en cada una de las reparticiones del Estado. Algunos han dejado su vida en la administración pública, y sienten orgullo genuino de hacerlo bien, con vocación y dedicación, siendo realmente expertos en el trabajo que hacen. Sin embargo, ellos solos no pueden. Necesitan de nuevos procesos de trabajo, que permitan una nueva eficiencia: una eficiencia humanizada, es decir, la que consigue resultados con medios adecuados y proporcionales, incluyendo la dimensión de la persona humana en cada paso, en cada decisión, en cada acción. Definir roles y objetivos, desarrollar planes de carrera, son procesos que se desconocían en los organismos del Estado y que de a poco vamos afianzado como principios esenciales del empleo público.

La eficiencia no puede ser eficiencia a secas: siempre tiene que ser con rostro humano y debe estar pensada para mejorarle la vida a la gente.

Las personas son la que están al comienzo y al final de cada proceso de gestión. Esto quiere decir que no tendría sentido incorporar Nuevas Tecnologías, si antes no les garantizamos a todos los empleados un proyecto sólido dentro del Estado, que contemple la capacitación permanente en el uso de sistemas y programas. Hoy el Gobierno Nacional promueve una carrera pública basada en el mérito, en el reconocimiento del esfuerzo y en el trabajo de equipo, con concursos públicos abiertos y transparentes, como única vía de ingreso. El objetivo es uno, que los trabajadores del Estado se sientan valorados por lo que hacen y orgullosos de formar parte de un Estado que brinda servicios al ciudadano a toda hora y en todo el país.

Cuando hablamos de acompañar al trabajador del Estado, hablamos de capacitar. En los primeros 10 meses de gestión, hemos capacitado a más del 10% de los empleados públicos de la Administración Pública. De todos ellos, más de 40.000 ya se capacitaron en el manejo de herramientas digitales. Son las personas, aprovechando las posibilidades que ofrecen las Nuevas Tecnologías, el verdadero motor de esta transformación que va a poner el Estado al servicio de la gente.

La modernización del proceso electoral como fortalecimiento de la democracia (perspectiva desde la política)

La modernización de la política tiene que acompañar a la modernización del Estado y de la sociedad. Necesitamos una política que respete las propias reglas que genera; que no haga trampas sobre las reglas que ha producido para la vida en democracia. La modernización de la política debería llevarnos a pensar el corto plazo desde la perspectiva del largo plazo. Sin largo plazo no hay esperanza de continuidad. En este sentido, resulta imperioso asegurar los procesos eleccionarios.

El modo en que elegimos a los representantes en los cargos ejecutivos y legislativos debe transparentarse porque ese es el camino para que la confianza en la democracia se fortalezca y se expanda. Y es el Estado quien debe dar la seguridad de que nos representarán quiénes hayan sido realmente elegidos por la ciudadanía. El Congreso ha dado media sanción al proyecto que impulsamos desde el Gobierno Nacional, y que representa un antes y un después en la manera que votamos los argentinos.

La reforma política, que tiene como núcleo la implementación de la Boleta Única Electrónica, otorgará mayor claridad en la oferta electoral eliminando las listas colectoras y candidaturas múltiples; trucos que tienden a distorsionar la voluntad del elector y a favorecer el clientelismo. De esta manera, se ordenará y simplificará la oferta electoral y el sistema partidario, mejorando el vínculo entre el elector y los partidos.

Creo fervientemente que esta triple modernización –del Estado, de la sociedad y de la política— es la forma en que la Argentina tiene que salir de sus problemas más graves y endémicos. Creo también que el éxito de este proceso no será de un gobierno, ni de un partido político. Será un logro de todos los argentinos. Porque al país no lo cambia el Estado, lo cambia su gente.

 

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