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Opinión

Gobernar todo el tiempo por el bien común

Por Claudio Poggi

Publicado en “Reflexiones Políticas VI”. Diciembre de 2016

Fui electo Gobernador de la Provincia de San Luis durante el periodo 2011 – 2015.

Recuerdo, como si fuera hoy, mi desayuno del 10 de diciembre del 2011 y mi desayuno del 9 de diciembre del 2015, es decir, los desayunos del primer y del último día de mi gestión como Gobernador.

El desayuno del 10 de diciembre del 2011, fue lleno de ansiedad, con los temores lógicos, con muchas ganas por hacer y con muchos sueños por cumplir. Tenía muy claro que mi nuevo rol tenía como objetivo el bien común del pueblo de la querida Provincia de San Luis.

El desayuno del 9 de diciembre de 2015, mi último día como gobernador, fue lleno de paz interior, recordando lo realizado en cuatro años y las cosas que me habían quedado pendientes, pero con la conciencia tranquila del deber cumplido, con la conciencia tranquila de haber honrado la palabra empeñada, llevándome el amor y el cariño de los sanluiseños, en particular de los jóvenes y de los niños.

Ambos desayunos me marcaron en mi vida política.

Soy de los dirigentes políticos que ven a la política como un instrumento para mejorar la calidad de vida de la gente, que tienen como norte el bien común y la felicidad de su pueblo, y que miran siempre para adelante.

Ser Gobernador de mi provincia, la Provincia de San Luis, me posibilitó concretar el sueño que tuve a lo largo de más de 20 años de carrera política y como servidor público: trabajar arduamente para que el ciudadano sanluiseño sea cada día un poco más feliz.

La felicidad llega de diferentes maneras a la vida de una persona o de una familia. Desde la posibilidad de tener un trabajo digno, de acceder a la vivienda propia, de ver la alegría de los hijos, de tener buena salud, de acceder a la educación y al conocimiento, de tener oportunidades de progresar y de emprender, de vivir en un contexto de paz social, de ver el futuro con esperanza. Estas son, entre otras, las causas de la felicidad de una persona o de una familia.

Llegué a la Gobernación de San Luis, con 20 años de experiencia en la función y en el servicio público, lo que me ayudó mucho para llevar adelante las políticas que me propuse desde el primer día del mandato. Creo que los antecedentes y la experiencia son fortalezas al momento que llega la oportunidad de gobernar, y en mi caso no fue la excepción.

Al jurar como Gobernador, el 10 de diciembre de 2011, asumí ante el pueblo de la provincia dos grandes compromisos; por un lado cuidar todos los logros y realizaciones de los gobiernos anteriores, y por otro lado, dar improntas nuevas y renovadas en políticas públicas que implicaran mayor progreso y justicia social para la provincia.

Cuidar los logros y realizaciones de los gobiernos anteriores no es algo habitual en la política argentina. Lo habitual es que cada uno que llega al gobierno piensa que todo comienza con él, y destruye todo lo anterior. Esto no es correcto ya que se termina perjudicando directamente al ciudadano. La gente no puede ser rehén de los cambios de gobierno. Por ello, se deben cuidar todas las cosas buenas de los gobiernos anteriores, mejorarlas aún más, cambiar lo que se deba cambiar y generar nuevas políticas de progreso. Me parece que si tenemos en claro que el rol de los líderes gubernamentales debe ser pensar en el bien común, cuidar los logros anteriores es una obligación de dichos líderes.

Rescato tres valores de mi gestión como Gobernador que considero deberían aplicarse al momento de asumir la responsabilidad de gestionar las políticas públicas. Las mismas implican una nueva manera de vincularse con el ciudadano. Dichos valores son: la cercanía, el honrar los compromisos asumidos y el pensar todo en términos del largo plazo.

La permanente cercanía al ciudadano, al vecino, achica las distancias y permitía escuchar personalmente las necesidades y los sueños de cada uno. Se genera una empatía muy productiva y humana. Todo se resuelve más rápido. Ser humilde con los humildes y firme con los poderosos. Mi tiempo lo dividía en un 20% en el despacho –reuniones de gabinete, reuniones con ministros, audiencias, y actividad protocolar- y un 80% en la calle. Cuando digo la calle, estoy diciendo un barrio, una ciudad, un paraje, una escuela, un centro de salud, una entidad deportiva. Recorrí a lo largo de los cuatro años de gobierno cada rincón de la Provincia, en una tarea bien federal. El estrecho vínculo y respeto con las diferentes organizaciones no gubernamentales, vecinales, centros de jubilados, clubes, asociaciones deportivas y culturares, entre otras, integradas por vecinos comprometidos con la comunidad, también permitió conocer las necesidades y sueños de cada una de ellas. A partir de ésta cercanía, todos los pueblos de la provincia se sintieron parte activa de nuestras políticas y acciones.

Honrar los compromisos asumidos considero que, con aciertos y errores, fue un rasgo distintivo de nuestra gestión. Los compromisos que se asumen en campaña electoral, o en la misma gestión de gobierno, debe cumplirse. Hace a la credibilidad del gobernante. Salvo una razón de fuerza mayor, la cual debe ser claramente explicada al ciudadano con la verdad, no cumplir con un compromiso asumido ante la comunidad, se vincula a la mentira, y la mentira le resta credibilidad al gobernante.

Pensar todo en términos del largo plazo también ha sido un rasgo distintivo de nuestra gestión. Pensar a largo plazo es pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones. Es pensar en políticas de estado que trascienden el mandato. Pensar a largo plazo es dar previsibilidad, reglas de juego claras, es pensar en el futuro. La mayoría de nuestras acciones respondieron a planes maestros a largo plazo; plan maestro del agua, plan maestro de energía, plan maestro de las culturas, plan maestro de minería, plan maestro de salud, plan maestro de logística y transporte, políticas de inclusión educativa, planes de vivienda, entre otros.

Decía con anterioridad que la felicidad llega de diferentes maneras a la vida de una persona y de las familias, y el Estado debe ser el principal promotor para que esto pase.

Desde mi visión, la educación y en general, el acceso al conocimiento, inclusivo y de la calidad, es la clave del progreso de un pueblo. Un pueblo educado es libre, un pueblo sin acceso a la educación es esclavo de los pueblos educados. Los gobiernos deben invertir fuertemente en educación. Toda inversión que se realice en materia educativa derrama sus beneficios en toda la sociedad, donde hay educación no hay distinción de clases, un pueblo progresa, hay más salud, hay más seguridad, hay más emprendedores, en definitiva, hay más calidad de vida y felicidad entre la población.

Para que una política educativa tenga el éxito esperado, la misma debe desarrollarse en el marco de un contexto socio económico favorable, esto es propiciar las condiciones para que, por ejemplo, las familias tengan su vivienda digna, los padres tengan trabajo, y que reine en la sociedad un clima de paz social.

Para concluir, el único objetivo de un gobernante es el trabajar todo el tiempo para el bien común, promoviendo la justicia social y generando oportunidades de progreso en el pueblo que gobierna.

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