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Opinión

El desafío de no convertirnos en una continuidad con otro nombre

Por Emanuel Gainza

Publicado en “Reflexiones Políticas V”. Diciembre de 2015

Un profesor de filosofía siempre se encargaba de hacer paralelos entre lo que nos enseñaba en su cátedra y lo que ocurría en la realidad; al explicarnos el concepto de esencia, nos decía que “es lo que hace que una cosa sea eso y no otra” es lo que distingue, lo que le da forma al ser.
Sin dudas la elección nacional del 22 de noviembre tiene mucho que ver con la esencia de la propuesta que representa Mauricio Macri, después de 12 años de ciclo kirchnerista, la ciudadanía optó por algo distinto, por algo diferente, tanto en el fondo como en la forma.

Después de 9 años de participación activa en política, acompañando el sueño de darle a la Argentina una propuesta de gobierno transparente, honesta, que ponga capacidad de trabajo, pero que sobre todo se preocupe por la gente; tengo que admitirles que me llena de inmensa alegría el objetivo alcanzado.

La emoción y el entusiasmo de la etapa que comienza pasa a cada rato por mi cabeza, pero en estos últimos días, esa euforia se transforma en responsabilidad, en entender que una cosa era ganar una elección, y otra muy distinta es estar a la altura de lo que la gente espera, pero aún más, de lo que la Argentina se merece.

El desafío más complejo no radica en superar las trabas de un kirchnerismo en oposición o la falta de mayoría automática en las cámaras, sino precisamente en superarnos a nosotros mismos, en auto limitarnos, en no convertirnos en lo que queríamos diferenciarnos, en no transformarnos en un gobierno con otros funcionarios, pero con los mismos vicios.

La tentación del ejercicio abusivo del poder, de la centralidad en la toma de decisiones, de la molestia a la crítica en los actos de gobierno, siempre acechan y están presentes.

Es preciso entender que lo difícil de consolidar la esencia de nuestra propuesta radica en mantener los valores que queremos representar, en defender las mismas ideas y principios que sosteníamos como opositores, ahora como oficialistas.

La visión de trabajo en equipo, las ganas de potenciar las cualidades de cada uno de los argentinos y de cada una de sus regiones, consolida una impronta centrada en liberar la creatividad y la fuerza que enriquece nuestra diversidad como Nación y ratifica nuestro espíritu como pueblo.

Cuando Julián me invitó a escribir este artículo para el libro “Reflexiones”, me pareció en base al contexto, dejar testimonio del desafío colectivo que tenemos como partido, como fuerza política y como gobierno entrante.

No tengo dudas de que las intenciones que mueven a la gran mayoría de nuestro equipo son la esperanza y el compromiso de trabajar por el otro y están más presentes que nunca en nuestra vocación de servicio.

Solamente y aprovechando la oportunidad de reflexionar, creo que es bueno tomarse un minuto y pasar en limpio qué es lo que nos motiva a emprender este camino.

La Argentina que viene requiere políticos humildes, con autocrítica pero también necesita políticos del hacer; la trascendencia de dejar una marca no se asienta sobre un discurso o un artículo, sino por cuanto hayamos construido una realidad que le mejoró la vida a muchos de nuestros conciudadanos. En esa misma lógica, nunca olvidar que la pluralidad de voces, visiones e ideas, son el combustible de la riqueza intelectual y política de la Argentina. Los desafíos como la pobreza, el narcotráfico, la corrupción y el desempleo, no toleran que miremos que nos separa, muy por el contrario, nos necesitan más unidos que nunca para encontrar los caminos que necesitamos para poder construir desde el presente, un futuro con oportunidades para todos.

 

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