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Opinión

Educar para la vida

Por Joaquín La Madrid

Publicado en “Reflexiones Políticas VI”. Diciembre de 2016

Según Ovide Decroly -pedagogo, psicólogo, médico y docente belga- “el fin último de la educación es la preparación para la vida”. Por estos días, no se puede soslayar que una educación de vanguardia debe crear espacios y métodos que permitan el crecimiento personal y el desarrollo autónomo y responsable de los jóvenes en edad escolar.

Es hora de generar cambios estructurales en la educación. Ésta habrá de brindar herramientas que faciliten el análisis y las reflexiones acerca de cómo queremos vivir y qué conocimientos nos resultan funcionales para ello.

La posmodernidad nos vio mejorando los medios, los canales, el cómo, es decir: la forma de la enseñanza; el siglo XXI nos tiene que encontrar revisando y fortaleciendo el qué, es decir: el contenido.

¿Qué seres humanos queremos formar? ¿Preparados para qué? ¿Dispuestos a qué? Las respuestas a estas preguntas deberán ser la clave de las nuevas currículas escolares.

La sociedad vive en función de una nueva perspectiva y la educación no puede ser ajena. El modo de vida occidental requiere de hombres y mujeres fuertes, emocionalmente inteligentes, hábiles, productivos, proactivos y saludables. Siendo así es imperioso formar a niños y jóvenes en la libertad y en la aceptación de la responsabilidad personal pero también en la solidaridad y en el desarrollo de una vida íntegra que haga foco en las virtudes y los valores.

Educación nutricional. Fortalecer el autocuidado responsable.

Si entendemos que la educación tiene como finalidad el desarrollo humano debemos saber que éste implica generar y gerenciar las condiciones que lo hagan posible y, por contraste, prevenir todo aquello que lo dificulte. Para poder desarrollarnos necesitamos ser seres saludables (en términos médicos, la salud tiene como reverso la prevención de la enfermedad). Y si queremos jóvenes saludables, con potencialidad de desarrollo, tenemos que ayudarlos. Así la escuela se convierte en el ámbito natural -junto al hogar- para brindarles herramientas que les permitan mejorar su calidad de vida, para lo cual los conocimientos acerca de salud y nutrición se vuelven fundamentales. En este marco, todas las escuelas del país, deberían garantizar la impartición de la educación alimentaria nutricional.

La educación alimentaria fue siempre parte del ámbito privado, particularmente familiar y, en general, ha tomado la forma de consejos y recomendaciones transmitidos de manera oral de generación en generación. Sin embargo es preciso que los lineamientos para una buena alimentación formen parte de los conocimientos a ser impartidos dentro del sistema educativo dada su particular relevancia para la vida. El abordaje de la educación alimentaria, debería ser desarrollado a través de un enfoque pedagógico y didáctico que articule los conceptos provenientes de múltiples áreas de conocimiento e integre los saberes cotidianos, de manera tal de poder ajustar la enseñanza a los diferentes contextos, culturas y subculturas.

El ser del siglo XXI no se caracteriza por la pasividad sino más bien por el interés por el control de su propia vida y, en este contexto, el autocuidado responsable es un factor fundamental. No solo es un derecho de toda persona sino que además contribuye a la sostenibilidad de los sistemas sociales.

Educación financiera. Fortalecer la autogestión de los recursos.

Una educación para la vida, con la perspectiva del desarrollo humano como telón de fondo, debe responder sin dudas a las necesidades sociales. En una sociedad como la nuestra, esas necesidades son, en su mayoría, de orden económico y tienen un fuerte impacto en la subsistencia, en la emocionalidad de los individuos y, finalmente, en la capacidad de progreso de los mismos. Entonces, al bienestar -con la salud, como base- deben adicionarse las habilidades que le permitan a los futuros adultos tomar decisiones conscientes, responsables y utilizando del mejor modo sus recursos, fundamentalmente, los económicos y financieros. Será imperioso entonces reflexionar acerca de la incorporación de una asignatura como “Economía y Finanzas Personales” a la currícula escolar del nivel secundario de todas las escuelas. Aunque podría ser también desde una temprana edad.

Ser hábil, sin perder valores, en los nuevos contextos es fundamental. Poder analizar la problemática actual, comprender e interpretar la coyuntura y resolverla en base a la buena gestión de las finanzas personales minimiza riesgos, maximiza beneficios y permite el crecimiento. Entonces, no se puede privar a los jóvenes de esta era de esa posibilidad. La primera buena inversión de los Estados debe ser una educación que contemple el desarrollo de sus educandos.

Toda persona necesita, para el buen desenvolvimiento de su vida diaria, contar con conocimientos básicos de carácter económico-financiero. Todas las decisiones con contenido económico que una persona común y corriente cotidianamente toma tienen que ver con las finanzas. En cualquier caso, las decisiones financieras afectan a cualquier actividad cotidiana: sea cual sea el segmento de edad, formación o nivel de ingreso en que se encuadren, todos los ciudadanos están destinados a gestionar sus finanzas personales.

En estos tiempos interesarse por las finanzas en pro de generar una autogestión exitosa de los recursos es una responsabilidad que cada persona tendrá que asumir, más tarde o más temprano. Dada la importancia que este tema reviste, resulta crucial mejorar la cultura financiera de la población. Las carencias de este tipo de conocimientos, por básicos que sean, pueden conducir a que las personas adopten decisiones erróneas sobre su economía doméstica, con el consiguiente riesgo de causarles pérdidas patrimoniales, endeudamiento excesivo y, en los casos más extremos, la exclusión financiera y hasta la ruina que, muchas veces, no es sólo económica, sino personal y familiar.

Tenemos que cultivar en los hombres y mujeres del mañana la idea de que el éxito le pertenece a quienes conocen sus puntos fuertes, respetan sus valores, e incentivan sus propias formas de rendir mejor.

Es el automanagement lo que nos posiciona como frente a un espejo, intentando ser, día a día, la mejor versión de nosotros mismos; entonces, tenemos que enseñarles a nuestros jóvenes a desarrollar las técnicas económico financieras para la autogestión.

Autonomía y sustentabilidad

En cualquier caso, el desarrollo autónomo de los individuos es un camino a la sustentabilidad, es decir, a la posibilidad de funcionar de forma armónica a lo largo del tiempo. La incorporación masiva de nuevos hábitos de vida y el conocimiento de nuevas herramientas que mejoren nuestro desempeño desde temprana edad es ineludible para establecer estrategias sociales de largo alcance. Por lo mismo, es imprescindible diseñar políticas que promuevan esa sustentabilidad.

Educar para avanzar hacia la sustentabilidad implica sembrar desde la escuela una semilla que será un nuevo germen social. La educación de los niños y jóvenes no es tarea fácil, pero vale la pena. Es hora de hallar objetivos comunes entre los Estados, los padres y los docentes para que el futuro sea promisorio y saludable para todos. Formar seres responsables y confiados en sí mismos es el desafío. Educar para y por la vida es el reto de este siglo.

La autonomía, en cualquiera de las formas que se presente -sea el postulado de aprender a auto gestionar una vida saludable a través de una ingesta adecuada nutricionalmente, o la premisa del fortalecimiento económico personal y/o familiar- es una de las bases de una personalidad madura. Es fundamental prestar atención al desarrollo de las habilidades personales, sociales y a la autonomía de nuestros niños y jóvenes y de este modo educarlos para que sean adultos responsables, capaces de tomar sus propias decisiones.

Uno de los pilares sociales es el desarrollo individual de la responsabilidad. Ésta es la cualidad que nos hace dueños de nosotros mismos, conscientes y reflexivos y nos posibilita la administración, orientación y valoración de nuestras propias acciones y de las consecuencias de ellas.

Pero, además, nos genera confianza y nos permite desarrollar estrategias, abandonar el cortoplacismo y pensar a futuro con más certezas y seguridad.

Es obligación de los Estados y de quienes tienen responsabilidad en la educación de la población fomentar la proactividad de los jóvenes en pro de la conservación y elevación de su calidad de vida.

El conocimiento y la autogestión son revolucionarios. El cambio es sustancial: un alumno con conocimientos y capaz de administrarse a sí mismos plantea un gran desafío a la estructura social.

Por ello, quienes tenemos la responsabilidad de legislar en las provincias argentinas, no podemos hacer oídos sordos, y debemos trabajar cada vez más fuerte para que las escuelas a las que asisten nuestros niños, eduquen para la vida real.

 

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