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Opinión

El contrato de coalición alemán: interesante modelo para replicar en argentina

Por Julián Martín Obiglio

Publicado en “Reflexiones Políticas VI”. Diciembre de 2016

Hace más de quince años que en Argentina se ha instalado la celebración de alianzas o coaliciones electorales y de gobierno, entendiendo ellas como acuerdos políticos entre partidos, en los que se establecen objetivos electorales, candidaturas y propuestas de gobierno comunes.
Estas acciones muestran algo común al resto del mundo político, como es la creación de nuevos partidos y el debilitamiento de los tradicionales, para también indican que existe un creciente grado de diálogo y de entendimiento entre ellos.

Si bien la celebración de dichas alianzas o coaliciones se ha convertido en algo habitual, en Argentina no se han incorporado algunas herramientas que en otras partes del mundo han resultado muy exitosas. Entre ellas me referiré especialmente al contrato de coalición alemán, o koalitionsvertrag, que considero sería un gran aporte al sistema político de nuestro país.

Dicho contrato de coalición es un pacto entre dos o más partidos, de carácter público y particularmente detallado, donde se dejan asentadas las políticas públicas que se van a llevar adelante en el marco de la coalición, al mismo tiempo que se desglosan multitud de cuestiones de la futura acción de gobierno. El abanico de asuntos abarca no sólo medidas políticas concretas, sino también el propio funcionamiento de la coalición y sus mecanismos de toma de decisiones y solución de conflictos.

El último acuerdo entre Angela Merkel (de la Unión Demócrata Cristiana - CDU), Sigmar Gabriel (del Partido Socialdemócrata - SPD) y Horst Seehofer (de la Unión Socialcristiana bávara - CSU), formó la “Gran coalición” de 2013 que actualmente gobierna Alemania, y documentó 185 páginas bajo el título “Organizar el futuro de Alemania”. Dicho contrato de coalición incorpora cuestiones tan variadas como la modernización de las disposiciones jurídicas sobre las radiaciones nucleares, la regulación del mercado financiero, o temas políticos como la introducción de un salario mínimo interprofesional de 8,5 euros la hora, la implantación en 2017 de una “pensión mínima de solidaridad” de 850 euros mensuales, y la flexibilización de la jubilación para los trabajadores con 45 años cotizados.

Asimismo, en dicho contrato de coalición, se detalla la forma de votar dentro del gobierno, la cooperación de los grupos parlamentarios, y la frecuencia de las reuniones de la llamada “comisión de la coalición”.

Un documento de este tipo tiene indudables ventajas. En primer lugar, exige a los partidos pensar en conjunto, dialogar sobre temas concretos de decisión política, y obtener definiciones claras de lo que se realizará. Al celebrar el contrato, se repasan todas las áreas de gobierno y los partidos exigen y ceden hasta acordar políticas públicas en línea con las ideas y valores de aquellos a los que representan.

Más allá de las cuestiones coyunturales que puedan surgir a lo largo de un gobierno, para los partidos firmantes este documento supone una perfecta guía de acción que marca la agenda legislativa. Allí encontrarán, en detalle, las medidas que se deben tomar y los proyectos que los legisladores deben impulsar.

Sin duda, una gran ventaja radica en el carácter público del contrato, ya que este documento brinda transparencia a la agenda presidencial y de la coalición oficialista. Desde un comienzo son de público conocimiento los objetivos del gobierno y los planes de acción.

Al mismo tiempo, esta “guía de acción” ofrece previsibilidad. Argentina ha sido caracterizada en muchas oportunidades como un país poco previsible, tanto para sus habitantes como para sus interlocutores del mundo. En este sentido, un contrato de coalición ofrece un marco estratégico a cada gobierno y se convierte en una herramienta al alcance de cualquier interesado para conocer el programa y las acciones a desarrollar por aquellos que han triunfado en una elección. Asimismo, permite a los ciudadanos planificar sus decisiones, principalmente económicas, a mediano o largo plazo y hace al país confiable ante el mundo.

Por otro lado, debe destacarse que la existencia de un contrato de coalición público y transparente, permite establecer mecanismos de fiscalización y control más eficientes, dado que se ofrecen indicadores claros y puntuales, medidos tanto por el gobierno, como por los ciudadanos o cualquier ente interesado en hacerlo.

Por supuesto, como plantean Manin, Przeworski y Stokes en su libro “Democracy, accountability and representation”(1), en ningún sistema democrático del mundo, los políticos están legalmente obligados a respetar sus promesas. Únicamente el riesgo del castigo en las elecciones futuras puede presionar a los gobernantes para ser fieles a sus promesas.

Por lo tanto, para que los mecanismos de accountability funcionen, los electores deben estar bien informados acerca de lo que los mandatarios han pactado impulsar a lo largo de su gestión.

Por último, es importante reconocer que, al poner por escrito el plan de la coalición, los partidos con menos representación dentro de ella pueden, a los ojos de los votantes, dejar constancia de cuáles han sido sus aportaciones concretas. De esta forma evitan ser eclipsados por partidos más grandes y se fomenta la formación de gobiernos de coalición incluso con partidos pequeños.

¿Qué es lo que sucede aquí? En Argentina contamos con una Ley de Partidos Políticos que en su segundo artículo habla de una declaración de principios, un programa o bases de acción política y una carta orgánica, como requisitos para que un partido sea reconocido. Además su artículo número 22, exige que: “Con anterioridad a la elección de candidatos los organismos partidarios deberán sancionar una plataforma electoral o ratificar la anterior, de acuerdo con la declaración de principios, el programa o bases de acción política. Copia de la plataforma, así como la constancia de la aceptación de las candidaturas por los candidatos, deberán ser remitidas al juez federal con competencia electoral, en oportunidad de requerirse la oficialización de las listas”(2).

Estas plataformas electorales podrían ser muy importantes, ya que permitirían conocer en profundidad las propuestas de los partidos, dando una idea general del proyecto que quieren llevar a cabo. El problema es que no hay un contenido mínimo establecido respecto de lo que debería ser informado, en términos de extensión o precisiones sobre cada temática. Sin ir más lejos, para las últimas elecciones los partidos han presentado documentos con una extensión que oscilaba entre 10 y 20 páginas, en su mayoría con diagnósticos e ideas vagas, pero sin propuestas concretas de políticas públicas.

De acuerdo con un relevamiento realizado por Martín D’Alessandro, presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político, en los últimos 30 años y especialmente después de los años 90, “los partidos políticos no han plasmado propuestas empíricamente realizables en sus manifiestos electorales, y la tendencia es descendente. Ello restringe las chances de hacer evaluaciones informadas acerca del cumplimiento efectivo de las promesas electorales. Si se explotara el potencial democrático electoral de las plataformas electorales, podrían ser buenas herramientas para la mejora de la calidad de la democracia en la región”.

Cuando hablamos de una “Gran Coalición”, y más específicamente de un contrato de coalición como el alemán, no debemos pensar en algo utópico, lejano, propio del continente europeo. Argentina ya está transitando el camino del diálogo y del trabajo en equipo, hecho que se refleja en los pactos electorales, en las alianzas de gobierno, y en los acuerdos legislativos.

Por lo tanto tal vez sea el momento indicado para que nuestro país de un paso más hacia una mayor institucionalidad, e incorpore la herramienta de los contratos de coalición, que sin dudas será de gran utilidad para los partidos, pero más aún para nuestra sociedad.


1. B. Manin, A. P. (1999). Democracy, accountability and representation. Nueva York: Cambridge University Press.

2. M. D’Alessandro (2013). “Las plataformas electorales en la Argentina moderna”. América Latina Hoy. Vínculos entre electores y políticos. Ediciones Universidad de Salamanca.

 

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