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Opinión

Doce años de relato equivocado y oportunidades perdidas

Por Julián Obiglio

Publicado en “Reflexiones Políticas V”. Diciembre de 2015

El relato oficial de los últimos doce años nos decía que la pobreza global es cada día mayor, que la desigualdad económica mundial es escandalosa, que los más pobres y los sectores medios del mundo vienen descendiendo en la escala social, que los derechos sociales son una conquista exclusivamente nacional, y que el desarrollo de las clases medias en nada se vincula a los avances de la democracia.

Los datos provenientes de fuentes oficiales internacionales (Banco Mundial, ONU, OMS, OIT, etc.) me permiten sostener que la realidad global de las últimas décadas es absolutamente opuesta al relato local que nos ofrecieron durante los tres gobiernos de la familia Kirchner. El mundo y sus habitantes están, en general, cada día mejor, y es justamente Argentina la que quedó rezagada en el combate contra la pobreza y la marginalidad.

Veamos:

Entre 1975 y 2005 el PIB per cápita global se duplicó (a valores constantes), o sea, que cada persona en 2005 generó el doble de riqueza de lo que generaba en 1975.
El 43% de toda la riqueza producida por la humanidad en su historia, fue generada en los últimos 35 años.
En los países de ingresos altos, el PIB por habitante aumentó en dicho lapso, un 86%. En los de ingresos bajos, un 105%. Y en los de ingresos medianos, un 134%. La región donde más se incrementaron los ingresos per cápita fue en el sudeste asiático, con un 562% de variación.

Es cierto que muchas veces la medición de la riqueza a través del PIB puede mostrarnos resultados demasiado generales, por eso también debe ser analizado el otro lado de la moneda, el de la pobreza. Aunque como se verá, los resultados ratifican lo dicho:

En 1820 la pobreza global alcanzaba al 80% de la población mundial, pero en 1970 ya se había reducido al 35%. Al 2008 la pobreza se ha reducido al 22% de la población global.
Mirando más específicamente a los países en desarrollo, vemos que en 1981 el 40% de la población vivía en extrema pobreza, mientras que actualmente ese número ha bajado al 15%.
Si lo analizamos desde el punto de vista de la cantidad de personas, en 1981 casi 1.500 millones vivían en la extrema pobreza. Hoy esa cifra baja a 900 millones, pese a que en los últimos 40 años la población mundial creció en 2000 millones de personas.

Otro ejemplo claro de progreso lo registra el impresionante incremento en la expectativa de vida en el mundo, reflejando así los avances globales en términos de nutrición, atención médica y medicamentos: mientras que en el año 1900 la expectativa de vida llegaba a los 30 años, hoy supera los 70 años.

Ahora bien, si queremos analizar otras variables que nos grafiquen el progreso mundial de las últimas décadas, podemos mirar el acceso de las personas a los servicios básicos:

Mayor porcentaje de la población tiene hoy acceso a agua potable (en países de ingresos bajos y medianos se incrementó desde 1970 del 30% al 80%), mejor nutrición (en 1960 la cantidad de calorías consumidas en promedio en el mundo era de 2.254 y hoy llega a las 3.000), y mayor educación (desde 1970 el analfabetismo global cayó del 36% al 15%).
En los países de ingresos bajos y medianos, entre la década del 80 y la actualidad, se incrementó la cantidad de usuarios de telefonía fija del 16 a 135 cada 1000 habitantes. En telefonía celular se pasó de 0 usuarios a 247. Y en materia de internet, de 0 a 84 usuarios.

Un tema relevante es la relación directa que existe entre las mejores condiciones de vida de la población, y el avance de la democracia. El gran desarrollo económico logrado en las últimas décadas por vastas regiones del planeta (fundamentalmente el sudeste asiático, algunos países latinoamericanos y africanos, y otros de Europa del este) se debe, entre otras cosas, a que un mayor porcentaje de personas puede elegir a sus gobernantes democráticamente, a que hay mayor integración comercial en el planeta, menor inflación, mayores garantías a la propiedad privada, y mayor estabilidad macroeconómica, entre las más importantes.

No es cierto entonces que la humanidad no ha progresado en las últimas décadas y que los doce años del gobierno de la familia Kirchner puedan tomarse como ejemplo de inclusión y desarrollo. Cientos de millones de habitantes del planeta pueden dar testimonio en contra de aquello. La clave no reside en las diferencias de ingresos sino en la capacidad de los gobiernos para generar condiciones institucionales que brinden a sus habitantes mayores oportunidades para crear riqueza personal y alcanzar mayores niveles de consumo y bienestar.

Que los ricos sean más ricos, no es algo que debe preocupar a un gobernante. Lo que sí debe ocuparlo es la disminución de la pobreza de su sociedad, que se logra ayudando a aquellos que más lo precisan e igualando oportunidades para que todos los que quieran superarse y progresar puedan hacerlo.

En este sentido, el nuevo gobierno de Argentina tiene una gran oportunidad para volver a colocar al país en la agenda del crecimiento y del desarrollo. Si bien las circunstancias externas no serán tan favorables como las que se dieron en los últimos años, el mundo, y especialmente la región, están esperando que nuestro país se ponga de pié y retome el sendero de la libertad y de la ley que nunca debería haber abandonado.
El desafío es enorme, ya que deberán corregirse los profundos errores de una extensa mala gestión, que fueron acompañados por un mensaje cultural que terminó penetrando en grandes porciones de la sociedad, alterando los tradicionales valores del respeto a la ley, del sentido del esfuerzo y de la búsqueda de la movilidad social ascendente que históricamente han movido y estimulado al pueblo argentino.

El nuevo Presidente de la Nación, su equipo y el resto de las fuerzas políticas tienen una enorme responsabilidad por delante: volver a los parámetros de normalidad que pongan nuevamente a nuestro país en un nivel homologable a los restantes países serios y desarrollados del mundo.

No tengo dudas que ello sucederá, y que las políticas públicas que se desarrollen en los próximos años buscarán promover la igualdad de oportunidades para todos los que habiten el suelo de la nación, ya que todos los argentinos merecen tener las mismas oportunidades de progreso. No es justo ni moralmente aceptable que haya un solo habitante de nuestro país que sea condenado a vivir toda una vida de subdesarrollo porque el Estado no cumpla su tarea central, que es muy clara y sencilla: colocar a todos en la misma línea de largada, y brindar la posibilidad de que cada uno se desarrolle en mayor o menor medida, según su vocación y sentido del esfuerzo.

Estamos frente a una nueva década, en la cual deseo, y así creo que sucederá, que tengamos el relato y los valores acertados, y aprovechemos la enorme cantidad de oportunidades que el mundo tendrá para ofrecernos.

 

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