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Opinión

Autonomía Provincial, Responsabilidad De Gobernadores

Por Leandro G. López Koenig

Publicado en “Reflexiones Políticas VI”. Diciembre de 2016

Hace décadas que el federalismo en nuestro país está enfermo. Desde 1983 a la fecha las provincias han ido perdiendo facultades y fondos y el poder de los gobiernos locales se ha licuado frente a un cada vez más poderoso gobierno nacional.

Desde la reforma electoral de 1994 que eliminó el Colegio Electoral, pasando por la transferencia de obligaciones a las provincias, sin el correspondiente recurso económico, y el aumento en la discrecionalidad con que se produce el reparto de fondos de la Nación, han traído como consecuencia una grave pérdida de autonomía política y económica a las provincias.

Los gobernadores, otrora poderosos e importantes actores del escenario político argentino, han perdido protagonismo y poder de influencia, y casi no existen en la actualidad quienes planteen visiones contrarias a las de la administración nacional. Ante esta realidad los gobernadores terminan, la mayoría de las veces, adoptando posturas cercanas a las del Poder Ejecutivo Nacional, sin importar el color político de quien lo detente. Dicha realidad es producto de las necesidades que las provincias tienen de contar con fondos y obras, motivando que sus gobernadores declinen en sus ideas y al planteo del necesario debate por estar urgidos de recibir asistencia económica permanente por parte del gobierno nacional.

Es evidente como hasta no hace mucho los sucesivos gobiernos nacionales han ido sumando poder al tiempo que recortando la soberanía a las provincias. Pese a lo antedicho, desde el 10 de diciembre de 2015 lo anteriormente descripto parecen estar soplando otros aires en Argentina y parte de los cambios que se están produciendo están afectando positivamente a los gobiernos locales. Desde la asunción del Ingeniero Mauricio Macri como presidente de la Nación se iniciaron caminos para ir, de forma gradual pero constante, devolviendo presupuesto y atribuciones a las provincias.

El actual gobierno nacional recuperó el dialogo con los gobernadores; devolvió poder al Congreso de la Nación; impulsó el recorte de los súper poderes del Poder Ejecutivo y firmó acuerdos de devolución de fondos a las provincias. Al mismo tiempo se propuso un presupuesto que prevé grandes inversiones para motorizar el desarrollo productivo de las diferentes regiones de nuestro país, dejando expedito un nuevo camino para desandar en centralismo y recuperar el federalismo consagrado por nuestra Constitución Nacional.

Ahora bien, pese al cambio de actitud asumido por el gobierno de la nación en pos de un verdadero federalismo, hay cuestiones que deben ser pura y exclusivamente asumidas y resueltas por los gobernadores para recuperar la soberanía provincial: administrar bien! En gran medida, la dependencia respecto del Estado Nacional que hoy sufren las provincias, se debe a las pésimas administraciones llevadas a cabo por la mayoría de los sucesivos gobiernos provinciales. Sobran los ejemplos de mala administración provincial.

En la provincia de Neuquén, a cuyo pueblo represento en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, han ingresado miles de millones de dólares estadounidenses gracias a las regalías cobradas por la extracción de gas y petróleo. Lamentablemente la mayoría de ese dinero ha sido mal usado, principalmente en gastos corrientes perdiéndose la oportunidad de desarrollar la infraestructura necesaria para permitir el desarrollo productivo de dicha provincia. La administración irresponsable de los sucesivos presupuestos de Neuquén, han llevando a una provincia rica a una situación de quebranto, con alto déficit fiscal y la necesitad de endeudarse para pagar los salarios de los trabajadores del Estado provincial. Gran parte de la responsabilidad por el avasallamiento de las provincias es de los gobiernos locales, que no han sabido cuidar sus recursos y los han dilapidado de manera irresponsable.

Un caso que al respecto de lo que estamos señalando vale la pena analizar y destacar es el de la provincia de San Luis. Dicha provincia cuyana cuenta con apenas un tercio del presupuesto en comparación con la provincia de Neuquén, pero posee sus cuentas en orden, sin déficit y ha dedicado enormes esfuerzos en obras de infraestructura con recursos propios. Si en San Luis se pudo mantener la autonomía financiera y sus cuentas en orden, es claro que todas las provincias pudieron haber hecho lo mismo en lugar de lanzarse a la carrera del despilfarro desenfrenado e irresponsable de sus recursos, confiando en el posterior apoyo económico del gobierno central en desmedro de conservar las atribuciones y competencias que la Constitución Nacional les reconoce.

La historia está dando una nueva oportunidad a las provincias para recuperar el federalismo y su soberanía política y económica. El gobierno nacional está dando señales de querer transitar un camino que devuelva ese derecho al interior del país, pero el éxito de esto requiere también que los gobernadores se hagan responsables del futuro de sus respectivas provincias, abandonando el populismo y la demagogia, y demostrando su vocación de gobernar los destinos de sus regiones en lugar de oficiar como simples liquidadores de sueldos.

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