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Opinión

Argentina en un contexto internacional cambiante

Por Miguel Braun

Publicado en “Reflexiones Políticas VI”. Diciembre de 2016

Hace unos años atrás, las democracias liberales y el orden internacional que promulgaban- parecían no tener rival. Ya no había dos paradigmas en pugna, comunismo y democracia, sino uno solo; habíamos llegado, en palabras de Francis Fukuyama, al fin de la historia (1). Pero luego que se conociera la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, y con los antecedentes del Brexit y el auge de movimientos nacionalistas en Italia, Francia y los países de Europa del Este, Fukuyama recordó en un artículo del Financial Times (2) que la historia ha vuelto. El consenso de un orden internacional construido sobre la base de democracias liberales, reglas internacionales y organismos multilaterales que fomentan la apertura comercial, la resolución pacífica de conflictos y una creciente globalización, parece ahora tambalear.

Este nuevo contexto político internacional afecta directamente la integración comercial. En los últimos años los países centrales convivieron con un crecimiento lento, cuando no con recesión de sus economías y una creciente desigualdad de la riqueza, generándose la percepción de que la globalización y los cambios tecnológicos benefician desproporcionadamente más a los ricos en detrimento de las clases medias y bajas. Esto permitió que los flujos comerciales y migratorios se convirtieran en los principales chivos expiatorios de los partidos políticos anti-sistema para capitalizar el malestar generalizado que está surgiendo en sociedades tradicionalmente democráticas y liberales. Mientras que el avance tecnológico es inevitable, siempre es posible votar en contra de un acuerdo comercial o de la inmigración.

A este clima anti-comercio que parece haber surgido hay que sumarle los datos duros. Entre 1985 y 2007 el comercio internacional creció en promedio el doble que el producto mundial, pero luego de la crisis internacional de 2008 el crecimiento se desaceleró y nunca logró recuperar el ritmo previo. Para este año la OMC recortó sus estimaciones de crecimiento del comercio desde 2,8% a solo 1,7%: 2016 sería la primera vez en 15 años en donde el comercio crecería menos que el producto global.

Argentina y el desafío de volver al mundo

Es precisamente en este contexto en que a Argentina le toca volver al mundo. Pero antes de pensar cuál debería ser la estrategia de inserción de nuestro país dado el nuevo contexto internacional, hay que entender cuál es la relación comercial de Argentina con el mundo. Argentina exportó en 2015 USD 71.000 millones, equivalente al 11% del PIB. Si se comparan las exportaciones argentinas se puede ver que en términos de PIB, el desempeño fue de los peores dentro de los países comparables de la región: ligeramente por debajo de Brasil (13%) y Colombia (15%), y bastante lejos de los de Chile (30%), Paraguay (42%) y Bolivia (43%). En cuanto a importaciones, en 2015 el país importó bienes y servicios por USD 75.000 millones (12% del PIB). Aquí Argentina posee la relación más baja de importaciones sobre PIB, pero ya no sólo contra países comparables de la región, sino en relación a la totalidad de los 175 países de los cuales dispone de datos el Banco Mundial. Esto quiere decir que, dentro del universo de los países con datos públicos de comercio internacional, la Argentina es el país que menos compras al exterior hace en relación al tamaño de su economía. A nivel regional le sigue Brasil (con el 14% del PIB), mientras que cinco países (Venezuela, Chile, México, Paraguay y Bolivia) tienen porcentajes del 30% o superiores.

Parte de este desempeño se explica por el hecho que Argentina tiene acuerdos comerciales con países que representan menos del 10% del PBI mundial, mientras que otros países de la región, como Chile, tienen acceso a casi el 90% del mercado mundial, incluyendo bloques que son centrales para nuestras exportaciones como Estados Unidos, la UE y China. Además, nuestros acuerdos en general sólo incluyen temas arancelarios sobre bienes.

En términos de inversión extranjera directa somos el país que menos IED recibe de América Latina. En el período 2010-2015, según datos del Banco Mundial, el promedio de IED que recibió Argentina representó el 3,9% del flujo de capitales hacia América Latina. En ese mismo período, Brasil atrajo el 31,6% de estas inversiones, México el 10,4%, Chile el 7,8% y Colombia el 4,8%. Por tratarse de economías muy diferentes en cuanto a su tamaño, a la hora de hacer comparaciones es pertinente corregir por PBI. Si se toma la IED como porcentaje del PBI para el promedio del período 2010-2015, se observa que en Argentina la IED representó el 2,0%, el porcentaje más bajo para toda América Latina salvo Ecuador y Venezuela. En Chile la IED representó el 8,6% del producto, en Colombia el 3,9%, en Brasil el 3,7% y en México el 2,4%. En otras palabras, Argentina parte de un nivel de integración comercial tan bajo, que incluso si el mundo virase hacia un ciclo de mayor proteccionismo y menor comercio, la estrategia que debería seguir nuestro país no cambiaría: integrarse de manera estratégica al mundo.

Una inserción comercial estratégica para Argentina

Desde que asumió el Gobierno de Cambiemos nos hemos propuesto trabajar para construir una Argentina emprendedora, confiable y moderna. Un país listo para producir, comerciar con el mundo, crecer y alcanzar un camino de desarrollo sostenible a largo plazo. Por eso, el Gobierno se ha planteado tres objetivos aspiracionales para que este cambio trascienda: pobreza cero, derrotar al narcotráfico y unir a los argentinos.

En particular, para ir hacia el objetivo de pobreza cero, el Gobierno lanzó el Plan Productivo Nacional, una estrategia coordinada para acelerar el crecimiento del país con el objetivo de crear más empleos de calidad para todos los argentinos. El Plan Productivo contiene políticas transversales orientadas a aumentar la productividad, políticas específicas focalizadas en mitigar fallas de mercado y políticas de transformación de las actividades con problemas de competitividad.

Una de las políticas transversales del Plan Productivo es la integración comercial estratégica de Argentina. Una integración que permita obtener del mundo inversiones, innovación e instituciones. En esta estrategia, la firma de tratados comerciales juega un rol central dado que otorgan acceso a mercados, elevan estándares y facilitan la inserción en las cadenas globales de valor.

La firma de acuerdos comerciales funciona como un mecanismo para asegurar el acceso a mercados, lo cual es importante si creemos que el mundo va hacia una tendencia de mayor proteccionismo. Esto vuelve más atractiva la inversión, tanto de empresas extranjeras como locales, porque permite ampliar el acceso a mercados para sus productos y servicios con aranceles más bajos. Al mismo tiempo, la firma de acuerdos comerciales otorga más certidumbre al inversor porque permiten anclar institucionalmente la política comercial del país, algo particularmente relevante en el contexto de volatilidad de las políticas económico-comerciales que ha seguido Argentina.

Una segunda cuestión a tener en cuenta es que los nuevos acuerdos no se limitan a negociar el acceso a bienes y servicios, sino que ponen el foco en la armonización de normas, regulaciones y estándares, también denominadas barreras técnicas al comercio. En la medida que se unifican los estándares entre países se reducen los costos para las firmas exportadoras, y por lo tanto también aumentan los incentivos a la inversión.

Por último, hay que tener presente que el mundo cambió la forma en que produce. Hoy los bienes complejos e industriales no se fabrican en un solo lugar, sino que la producción está fragmentada y los países se han especializado en diferentes procesos para agregar valor. De esta forma, a los países con mayor acceso a mercados les resulta más fácil insertarse en las cadenas globales de valor.

Los acuerdos comerciales, además, permiten asegurar que la estrategia de integración internacional se implemente de manera gradual.

Pueden pasar hasta 15 años entre que se negocian, se ratifican y se implementan los acuerdos comerciales. Esto garantiza que la inserción en el mundo no va a implicar una apertura indiscriminada de nuestra economía, ni una desprotección abrupta de las actividades económicas poco competitivas, sino que va a estar enmarcada en una estrategia de desarrollo de largo plazo, alineada al plan de trasformación productiva.

Este plan de integración al mundo ya está en marcha: estamos trabajando en una agenda ambiciosa de acuerdos comerciales. Con el Mercosur se está avanzando en el acuerdo con la Unión Europea y en la búsqueda de nuevos socios. Por eso iniciamos conversaciones con Canadá y EE.UUU., y estamos explorando la posibilidad de trabajar con Corea y Japón. A nivel bilateral, Argentina está avanzando para ampliar el acuerdo con México al tiempo que iniciamos conversaciones con Colombia.

Hoy sabemos que las estrategias del pasado fracasaron. Ni el aislacionismo político y comercial, ni la apertura ingenua funcionaron. La integración de Argentina al mundo resultará exitosa en la medida que se haga de manera gradual, en diálogo con el sector privado y que sea en el marco de una estrategia de desarrollo de largo plazo que incluya a todos y cada uno de los argentinos.

1. Fukuyama, Francis, The end of History and the last Man, Free Press, 1992.

2. Fukuyama, Francis, US against the world Trump s America and the new global order,en Financial Times, 11 de noviembre de 2016.

 

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