Fundación Nuevas Generaciones Club de Ex Becarios Argentinos
 
 
 
 
Opinión

Crowfunding: la novedosa herramienta para el financiamiento de las PyMEs

Por Ricardo Spinozzi

Publicado en “Reflexiones Políticas VI”. Diciembre de 2016

Las historias de la mayoría de grandes empresas del país y del mundo comienzan con un origen común: todas ellas iniciaron sus actividades siendo pequeñas. Esta obviedad generalmente no es tenida en cuenta por los gobiernos al diseñar e implementar las normas que irán conformando el marco institucional de un país. La gran mayoría de las propuestas de políticas públicas supone que las grandes empresas iniciaron sus actividades con una nómina de varios cientos de dependientes y con activos y ventas millonarias. Pero la realidad dice algo muy diferente.

Henry Ford construyó su primer automóvil de combustión interna en 1896 en un cobertizo al fondo de su granja.

A los 22 años de edad, Walt Disney se fue a Hollywood y junto con su hermano Roy montaron en 1923 un estudio de animación en el garaje de la casa de un tío. Así nació el estudio Disney Brothers.

En 1975, Bill Gates y su amigo Paul Allen fundaron Microsoft iniciando sus actividades también en el garaje de sus casas.

En la década de 1920 los hermanos alemanes Adolf y Rudolf Dassler, comenzaron a fabricar de manera artesanal zapatillas sin marca propia. En 1948 la pequeña sociedad fraterna se dividió. Adolf creó Adidas y Rudolf, Puma.

Actualmente en esas cinco empresas, como en tantas otras, trabajan miles de empleados, reflejando el crecimiento de dichas organizaciones a lo largo del tiempo: 171 mil empleados en Ford, 166 mil en Disney, 94 mil en Microsoft, 55 mil en Adidas y 11 mil en Puma.

En Argentina podemos mencionar también casos similares. Uno de ellos nos lo da la empresa Arcor, fundada en 1956 por el cordobés Fulvio Pagani. Actualmente Arcor es la principal empresa alimenticia del país y el mayor fabricante de caramelos del mundo. Sus productos se comercializan en 120 países y cuenta con cerca de 20 mil empleados distribuidos entre las 39 plantas que funcionan en Argentina, México, Perú, Chile y Brasil.

Insisto en esto: la mayoría de las grandes empresas alguna vez fueron PyMEs. Por ello, y dado que no se sabe de antemano cuales de las empresas que inician sus actividades serán exitosas, resulta necesario reducir sus costos de ingreso y permanencia en el negocio. En tal sentido resulta imperioso generar un marco favorable al espíritu emprendedor, que permita reducir las barreras que dificultan el ingreso y la operatoria de las micro, pequeñas y medianas empresas.

Ahora bien, ¿cuál es el motivo por el que se debe estimular la creación y permanencia de las PyMEs en nuestro país? Lo datos hablan por sí solos. De acuerdo con los datos oficiales, en nuestro país existen casi 650 mil PyMEs. Ellas representan el 99.6% del total de unidades económicas y aportan casi el 70% del empleo, el 50% de las ventas y más del 30% del valor agregado.

Pese a todas las bondades descriptas precedentemente, en Argentina las PyMEs suelen enfrentarse con duros obstáculos para su desarrollo, especialmente en lo que a financiación respecta. En nuestro país, la mayoría de las PyMEs obtienen financiamiento mediante la reinversión de utilidades propias. Por ejemplo, en las pequeñas y medianas empresas industriales más del 60% de las utilidades propias es utilizado para autofinanciar sus proyectos de inversión para no caer en la necesidad de acudir al crédito bancario. Los bancos, además, consideran a las PyMEs como tomadores de crédito de “alto riesgo”, motivo por el cual son rechazadas entre el 15% y el 20% de las solicitudes de crédito que presentan.

Ante dicha situación, resulta necesario incursionar en sistemas alternativos de financiamiento. Uno de ellos, y posiblemente el más adecuado, es el financiamiento colectivo, más conocido por su nombre en idioma inglés: “crowdfunding”.

El crowdunding ha cobrado gran relevancia en los últimos tiempos. Se trata de una tendencia en auge a nivel mundial para promover el ingenio, la innovación y el emprendedurismo de quienes tal vez no cuenten con el dinero suficiente para motorizar sus objetivos y para proponer, al mismo tiempo, oportunidades de inversión a pequeños -y no tan pequeños a veces- capitalistas, redundando todo ello en la activación de la economía y la generación de empleo genuino. Es decir que el crowdfunding ya está entre nosotros y ha llegado para quedarse. Hasta el momento esta práctica se ha manejado, en mayor o en menor medida, de manera totalmente ajena a la intervención del Estado, y es bueno que ocurra de esa manera. No obstante ello, en determinadas situaciones corresponde que el Estado siente reglas básicas a las cuales los particulares deban atenerse. El motivo de ello radica en que hay veces en que resulta necesario brindar cierta protección a alguna, o bien a ambas, de las partes involucradas en un proyecto financiado con las características que estamos aquí abordando ya que la ausencia de reglas claras puede generar desconfianza y desalentar su utilización como método de financiación por parte de las MiPyMEs. En dichas situaciones una regulación mínima actúa como freno a quienes pretendan actuar inescrupulosamente o aprovechándose de la debilidad de una parte o de la ignorancia de la otra, causando un daño patrimonial y echando por tierra a un proyecto con potencial. Por dicho motivo, se propone no ya un intervencionismo obstruccionista del Estado, que todo lo anquilosa y adormece, sino todo lo contrario, es decir, sentar determinadas reglas que favorezcan la confianza entre las partes para que el financiamiento colectivo cobre cada vez mayor importancia.

El financiamiento colectivo ofrece varias ventajas, entre ellas podemos mencionar las siguientes:

Al eliminar la intermediación bancaria se genera una considerable reducción de costos y de pasos burocráticos. Esta situación genera mayor celeridad entre las partes interesadas que a su vez pueden interactuar en un ámbito de información, asesoramiento y encuentro directo. Esto se ve potenciado dada la posibilidad de que la oferta y la demanda ocurran en un solo punto. La regulación estatal, por su lado, acota el riesgo, tanto al inversor como al emprendedor.

Como se puede ver, el crowdfunding es una herramienta eficaz que, con una mínima regulación por parte del Estado, permite sentar las condiciones para el desarrollo de un emprendimiento a través de un método alternativo, seguro y ágil para la financiación de las pequeñas y medianas empresas.

Volver

NG NG  
 

Nuevas Generaciones | Beruti 2480 (C1117AAD) - Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Argentina) - Tel: (54) (11) 4822-7721

Seguinos Facebook Seguinos Twitter